Elegir una carrera universitaria suele comenzar con una pregunta sencilla: ¿qué quiero estudiar? Sin embargo, antes de pensar en una profesión concreta, también puede ser útil preguntarse cómo se imagina la vida que vendrá después de la universidad y qué actividades podrían sostenerla a largo plazo.José Manosalvas, director de Admisiones de la Universidad de Especialidades Espíritu Santo (UEES), propone un ejercicio para los estudiantes que todavía no tienen claro qué camino seguir.“Cierra los ojos, sueña que tienes 30 años y que vives bien y eres feliz… ¿En qué trabajas para pagar las cuentas?”, plantea a los postulantes.PublicidadLa pregunta busca llevar la elección más allá del nombre de una carrera. Para Manosalvas, imaginarse ejerciendo una profesión permite identificar si existe una conexión real entre lo que una persona quiere para su futuro y el trabajo que tendría que realizar para conseguirlo.“Eso es primordial porque, al menos hasta ahora, la vida laboral representa un tercio de todo tu tiempo despierto. Si no vas a hacer algo que te hará feliz, será sumamente duro”, señala.Pero elegir una carrera únicamente a partir de un sueño también puede llevar a una decisión poco realista. Las habilidades, las características personales y las exigencias de cada profesión también deben entrar en la ecuación.PublicidadPublicidadManosalvas plantea el caso de una persona que sueña con convertirse en cirujana, pero que tiene hematofobia, es decir, miedo intenso a la sangre. En ese escenario, el problema no necesariamente significa que deba abandonar su interés por el área de la salud.“A veces los sueños no pueden ponerse en práctica, pero en esos casos hay carreras alternativas”, explica. Una persona interesada en convertirse en médico y que no pueda desempeñarse en determinadas circunstancias, por ejemplo, podría explorar otras profesiones relacionadas con la salud, como la nutrición.La idea es distinguir entre el interés por un campo profesional y una carrera específica. Alguien puede sentirse atraído por la medicina, la tecnología, el diseño o las ciencias, pero descubrir que la profesión que inicialmente imaginó no coincide con sus capacidades, preferencias o las actividades que realmente está dispuesto a realizar todos los días.Cuando todavía no hay una respuestaTambién existe el caso contrario: estudiantes que no tienen una profesión soñada ni una carrera que les genere una convicción clara. Para ellos, la elección puede resultar todavía más difícil.Manosalvas señala que existen herramientas de orientación vocacional que pueden ayudar a identificar intereses y habilidades. Este tipo de herramientas no necesariamente busca entregar una carrera como respuesta definitiva, sino aportar información para que el estudiante pueda reconocer qué áreas profesionales tienen mayor relación con sus intereses.PublicidadAdemás, no todas las personas tienen un único campo de interés. Manosalvas menciona a los llamados polímatas, personas con habilidades e intereses diversos que pueden desenvolverse en diferentes áreas.Por eso, la elección de una carrera no necesariamente consiste en encontrar una única profesión que encaje perfectamente con una persona. También puede tratarse de reconocer qué intereses quiere desarrollar, qué habilidades posee y cuáles está dispuesto a fortalecer durante su formación. (I)