Actualizado Domingo,

agosto

14:17(Esta serie de entrevistas es presuntuosa, un poco intensa. No recomendada a quien no pueda o no quiera llamar a su padre)."Muchas hijas intentan, denodadamente, seducir al padre, enamorarlo; la mayor�a de las veces es una tarea sin sentido y abocada al fracaso. Porque ellos ya est�n rendidos". Mar�a Forqu� explica en No soy Ver�nica Forqu� (Penguin, 2026), despu�s de leerse decenas de p�ginas de sus diarios, que su madre quiso ser actriz movida en parte por la necesidad de ser admirada por su padre, el director de cine Jos� Mar�a Forqu�. A Mar�a Bl�zquez le ocurri� algo parecido con su padre, Lucio, el due�o de Casa Lucio, el restaurante famoso por sus huevos estrellados y por cuyas mesas han pasado desde el Rey hasta estrellas de Hollywood. A sus 93 a�os sigue yendo a la taberna bajo la atenta mirada de su hija. El embrujo empez� al poco de tener uso de raz�n. "Era peque�a. En mi habitaci�n ten�a un p�ster de Paul Newman y otro de mi padre. Mi madre a veces me dec�a medio broma medio en serio 'ya te vale, �y si nos separamos con qui�n te vas?' y yo siempre le respond�a que con pap�".El p�ster era otra de las haza�as que s�lo consegu�a Lucio. Era un p�ster promocional. La Polaca quiso que apareciera en la discoteca de Galicia donde actuaba. "El due�o de la discoteca tambi�n era amigo de mi padre y se les ocurri� que actuase". Su vida est� llena de historias estramb�ticas con las figuras m�s admiradas o con m�s poder del pa�s. Mar�a entendi� muy pronto que Casa Lucio era su mundo y que ten�a que colarse en �l. "�l estaba siempre trabajando. Siempre. Mi madre nos llevaba por las tardes al restaurante para que lo vi�ramos. Jug�bamos, merend�bamos... Todo pasaba all�. No era un padre presente, era mi madre la que se encargaba de todo en casa".-Y a�n as� le quer�a-Absolutamente. Much�simo. Era y es todo para m�. Su vida es el trabajo. Y no lo echaba de menos porque yo lo sab�a. El 90% de las veces mi madre me dec�a 't� padre est� currando' y ya est�. No hab�a conciliaci�n.Muchas noches, cuando llegaba del restaurante, la despertaba. "Me dec�a 'c�mo est�s', 'qu� tal hoy', habl�bamos. Yo nunca me enfadaba porque me despertara". Antes de aprender a desconfiar, muchas ni�as aprenden a mirar el mundo a trav�s de su padre, el primer hombre al que admiran.Un d�a cualquiera en el restauranteMar�a tiene identificados sus propios daddy issues, esa expresi�n popular que reduce a un meme una realidad mucho m�s compleja: la huella que deja un padre en la vida emocional de un hijo, por carencia, por idealizaci�n, o por ambas. "Lo primero que se me cay� fue la certeza de que todos los hombres que van en traje son buenos. Yo de peque�a de verdad lo cre�a porque �l siempre iba en traje. A mi padre le gustaban los toros y siempre trabajaba. Y si me encontraba un ser humano as� me parec�a bien. Me parec�a que era una buena persona", explica Mar�a, al otro lado del tel�fono. Ahora no piensa que la camisa tenga nada que decir del interior de un hombre.La hija de Lucio es muy expansiva, capaz de hablar de s� misma sin verg�enza o miedo. "Me he equivocado veinte mil veces. Quer�a tener un equipo de f�tbol cuando me cas�. Ya no puedo, las oportunidades a veces pasan de largo. Hay una �poca en la que pasas un peque�o disgusto, y te sientes un poco triste y frustrada, pero los sagitario somos optimistas. Me hubiera encantado, pero soy feliz con todo".Mar�a, despu�s de estudiar la carrera de Derecho y de trabajar en un despacho de abogados dos a�os, empez� a dejarse caer por el restaurante de otra forma. Si llegaba alg�n papeleo burocr�tico se encargaba ella. Nunca cumpli� ese clich� de querer ser como su padre. "Ni mi padre ni mi madre intentaron introducirnos en ese mundo. Pero yo s� empec� a ser consciente de lo que ten�amos. Mi hermano [tiene dos, m�s peque�os que ella, Javier y Fernando] alguna vez dec�a que quer�a ser investigador privado y yo le dec�a 't� tienes un negocio que vale un congo, te vas a quedar aqu�'. Ahora ella es "la jefa" ("me llaman as� porque son unos capullos, yo soy Barbie multitarea. Hago lo que sea"), se quita importancia.Sin querer, replica ciertos gestos de su padre con sus hermanos. Cuenta que Lucio era exigente pero no autoritario, que les explicaba lo que es la vida cuando suspend�an y que su familia era su refugio. "Cuando llegaba a casa encend�a la tele y no hablaba. Dec�a que necesitaba silencio".En Semana Santa iban a Torremolinos y en verano a San Juan-�C�mo llama a su padre?-Lucio, muchas veces Lucio. De tanto escucharlo... Y �l me llama Mari.Mar�a Bl�zquez atiende a este suplemento desde la playa de San Juan. Se disculpa por llegar tarde a la cita telef�nica. Estaba con su padre en la playa. Cuenta que la vejez ha vuelto a Lucio m�s tierno. "Pero sigue siendo el marqu�s de Sotoancho. Tendr�as que verlo". Hace a�os se apunt� en una libreta momentos con �l que le marcaron, tambi�n alguna de sus frases, por si se le olvidan.