La caída contra el fondo marino desplazó hacia la cabeza parte del último alimento de un ictiosaurio y dejó reunidas, en un mismo fósil, las piezas de una cadena trófica del Cretácico. Según la reconstrucción de los investigadores, el animal murió en la columna de agua, quizá tras sufrir el ataque de un pliosaurio, descendió con tejidos todavía unidos y golpeó el lecho con el hocico.
Matt White, investigador asociado de la Universidad de Nueva Inglaterra y autor principal del estudio, explicó que “impactó contra el lecho marino con el rostro, y los tejidos blandos conectados mantuvieron la mayor parte del cuerpo en secuencia”. Un enterramiento rápido habría frenado la descomposición y evitado que las corrientes dispersaran los restos.
B.O.B. reunió varias pistas dentro de un mismo esqueleto
El estudio publicado en julio en Gondwana Research identifica el hallazgo como la primera prueba confirmada de que un ictiosaurio comió un pterosaurio. El ejemplar, apodado B.O.B. por Bag of Bones, conserva fragmentos de la mandíbula del reptil volador, peces y cefalópodos dentro de su cavidad corporal.
Pertenecía a la especie Platypterygius australis, medía entre seis y siete metros y formaba parte de un grupo de reptiles marinos con cuerpo parecido al de un delfín. White describió el conjunto como “una escena del crimen de reptiles marinos, e hizo falta bastante trabajo para reconstruir esa historia”.










