En 1993, en pleno asedio de Sarajevo, la directora Susan Sontag organizó en la ciudad una representación de la obra Esperando a Godot, de Samuel Beckett, bajo la amenaza de las bombas. Los actores, desnutridos y debilitados por la falta de suministros, actuaron entre escombros iluminados por velas y linternas. La historia resuena hoy en Cuba, que sufre un brutal asedio económico, pero donde el arte resiste, todavía y siempre, a quien lo amenaza. Mientras la falta de combustible vacía las calles y sigue provocando apagones de días y noches, los cubanos mantienen viva la escena cultural aunque haya que cargar los instrumentos a pie de un lado a otro de la ciudad y tocarlos a la luz de las velas.

La falta de electricidad ha cerrado casi todos los cines, y la escasez de recursos ha cancelado obras de teatro, conciertos y festivales. Músicos, bailarines, actores y otros artistas dedican su arte a levantar el ánimo y abrir espacios de apoyo mutuo para seguir adelante. “Se hace como se puede. Si hay electricidad proyectamos alguna película, y si se va la luz siempre hay por ahí algún instrumento para sacarnos de la desesperación. No se trata de evadirse o de olvidar los problemas, sino de recordar que la vida no se limita a ellos, que se merece que luchemos por ella” explica Robertico, del centro cultural La Marca de La Habana Vieja. El centro, que es también el primer estudio de tatuajes de Cuba, organiza talleres y eventos para financiar proyectos comunitarios, como el comedor social de la iglesia vecina dedicado a los jubilados, cuyas pensiones de cuatro euros mensuales no alcanzan para sobrevivir.