Una melena alborotada, una barba de varios días y unas manos expresivas acentúan la pasión con la que se expresa el escritor y filósofo francés Éric Sadin (París, 1973) delante de un café en el antiguo comedor de gala del Palacio de la Magdalena de Santander.
Antes de empezar a hablar, se levanta con extraordinaria agilidad, abre los ventanales y el viento del Cantábrico refresca la estancia. Sadin, que imparte un seminario en la Universidad Internacional Menéndez Pelayo, ha quedado prendado del paisaje y dice que es un buen lugar para inspirar la escritura. El día anterior, el autor se reunió con sus lectores en la Librería Gil y parece feliz en los pasillos de esta universidad de verano.
Sadin parece haber heredado un poso del espíritu crítico de la Escuela de Frankfurt cuando rechaza, a contracorriente, el cambio tecnológico sin control y proclama que muera la inteligencia artificial. Autor de más de una decena de libros –ensayos y poesía–, su última obra El desierto de nosotros mismos (Caja Negra, 2026) analiza los efectos del cambio que se inició el 30 de noviembre de 2022. La fecha de referencia en su pensamiento: el día que se abrió la caja del oráculo digital, ChatGPT. La tecnología podía producir lenguaje, imágenes e incluso explicar el mundo. Una catástrofe, para el pensador. Cediendo a las máquinas el ejercicio de nuestras facultades corremos el riesgo de convertirnos en espectadores pasivos de un mundo gestionado algorítmicamente, explica su libro.







