EntrevistaLa periodista y escritora Leila Guerriero conversa sobre este eterno debate a raíz de su último libro, ‘La dificultad del fantasma’.Leila Guerriero estuvo reciente en Bogotá en el Festival Gabo. En ese espacio, EL TIEMPO conversó con ella. Foto: Camilo Rozo / Revista BOCASPERIODISTA08.08.2026 23:01 Actualizado: 08.08.2026 23:01

En su último libro, La dificultad del fantasma (Anagrama, 2024) –un pedido de la Fundación Finestres para que rastreara el paso de Truman Capote por esa residencia literaria, desde la que escribió una parte de su célebre A sangre fría, en Palamós, Costa Brava–, Leila Guerriero comparte su proceso de investigación y escritura sobre Capote y el tiempo que pasó en esa población española, alejado del ruido y ajetreo de Manhattan, entre 1960 y 1962.Guerriero plasma sus obsesiones y meticulosidades en su proceso periodístico y creativo. La necesidad de correr para vaciar y llenar la mente, la reportería análoga sobre la digital, las muchas conversaciones, la contrastación de los hechos, las preguntas, las eternas preguntas que la acercan a la verdad de los hechos y los personajes de los que escribe. No a la verdad absoluta. LEA TAMBIÉN En el libro, logra recoger las intrigas, ruidos y dudas alrededor de Capote y A sangre fría, a la vez que comparte las dificultades de seguirle el rastro a un fantasma ilustre, pero escurridizo.¿Cuál era la intención del encargo de La dificultad del fantasma?La idea de la Fundació Finestres, que tiene una residencia para escritores en la Casa Sánia –una de las viviendas que Capote alquiló cuando estuvo en la Costa Brava para escribir A sangre fría–, era un libro que recorriera el paso de Capote por esa región para entregárselo a los escritores que hicieran la residencia. El encargo fue una sorpresa porque, confieso, no sabía que Capote había escrito A sangre fría en la Costa Brava, en un paisaje tan alejado del lugar donde habían sucedido los hechos (la masacre de una familia en Kansas). Al reconstruir el paso de Capote por allí, encontré que algunas cosas fueron inventadas y otras que no están confirmadas. Por eso se llama La dificultad del fantasma, porque Capote es un fantasma. Es increíble que muy poca gente de la Costa Brava supiera que él estuvo allí, porque para entonces ya era una figura superimpresionante en Estados Unidos y en varios países. Pero era la España franquista, era un país muy cerrado.¿Recuerda cuándo leyó por primera vez A sangre fría?Muy jovencita. La edición está despedazada. Leí el libro cuando no trabajaba como periodista todavía, con lo cual había debates que se me pasaban. Lo leí como un libro importante, un clásico en una época en la que querés leer todo lo que se supone que tenés que leer. LEA TAMBIÉN ¿Se desilusionó cuando se enteró de que el final fue producto de la invención de Capote?Capote dijo muchas veces que el final con el encuentro entre el investigador y la mejor amiga de la chica asesinada en el cementerio era venturoso. Dijo que no quería terminar de una manera tan truculenta con la ejecución de los dos asesinos. Desde mi opinión más modesta, el final no era necesario; el libro termina perfecto con la ejecución. Es bastante cuestionable en un libro de no ficción inventarte un pedazo. ¿Para qué? Le echás dudas al resto del libro. Pero no puedo decir “me desilusioné completamente”. Aunque conozco la historia detrás, puedo leer el libro con esos avisos. Y me sigue pareciendo una obra increíble. Está todo en tercera persona, algo que pasa casi inadvertido. Hay unas maravillas que las damos por sentadas. Pensá que era un tipo que vivía en un ambiente completamente distinto en Manhattan, rodeado de celebridades, almuerzos y martinis, y se fue a un pueblo perdido durante años. El trabajo de investigación que hizo, siendo un escritor de ficción, es una cosa muy encomiable y asombrosa. Hizo cosas magníficas que incluso no están en el libro. Encontró un testigo que fue fundamental en la condena de los dos asesinos, al que casi lo matan. Capote le pidió que fuera al juicio a declarar. También fue el libro que marcó su catástrofe, porque estar esperando que maten a dos personas para terminar el libro no puede ser un buen karma sobre nadie.Truman Capote debutó con "Otras voces, otros ámbitos". Foto:Bettmann Archive¿Inventó o no el género de la no ficción con A sangre fría?No creo. Mucha gente ya lo había hecho antes. Incluso en mi país: Rodolfo Walsh publicó Operación Masacre muchos años antes de que saliera A sangre fría (1957 frente a 1965).¿Qué piensa sobre el eterno debate de si se puede leer la obra separada del artista?Hay grandes autores con unas ideologías que son poco reconfortantes, como Louis-Ferdinand Céline, pero siguen siendo grandes escritores. No sé bien cómo responder a esa pregunta de una manera lúcida. Por ejemplo, si estoy trabajando en el perfil de un escritor o de un pintor, o de un artista ‘x’, no puedo separar del todo la obra del artista, pero también es muy reduccionista leer la vida del artista a partir de la obra o estar todo el tiempo haciendo psicología barata relacionando la obra con el artista. Hace un tiempo, hablaba con un artista plástico acerca de unos cuadros muy ominosos y oscuros que había pintado durante una época. Y le preguntaba precisamente si, durante el tiempo en que pintó esos cuadros, su estado de ánimo correspondía de alguna forma con lo que estaban transmitiendo. Se rió y me dijo: “No, porque imagínate que pintando un cuadro uno se demora muchísimo tiempo”. Es imposible que, a lo largo de semanas o meses, estés sosteniendo el mismo estado de ánimo para responder a la obra. O sea, la diferencia entre la obra y el artista existe. Por momentos está más cerca; por momentos, más lejos. No creo que la respuesta sea taxativa. Hay grises en el medio. Depende de las circunstancias. LEA TAMBIÉN Mencionó a Rodolfo Walsh y Operación Masacre, que, aunque el libro no se encuadra en las atrocidades cometidas por la última dictadura militar en Argentina, donde este año se conmemoraron 50 años de sus inicios, da pie para preguntarle por la construcción de memoria que aporta el periodismo con trabajos como el de Walsh.Es una época sobre la que se vuelve una y otra vez, con trabajos de mucha calidad, y es un tema de conversación que está en los libros y artículos. Hay trabajos de distinta calidad y a veces reiterativos. A mí, las cosas que más me interesan son aquellas que ofrecen la posibilidad de echar una luz nueva o ir más profundamente sobre un tema que no ha sido tan investigado. La memoria en Argentina se ha trabajado mucho, no solo desde el periodismo, sino también desde las ONG. La memoria no es una especie de mausoleo que no se toca, sino que es algo que está todo el tiempo vivo y revisándose. Y me parece saludable.La memoria no es una especie de mausoleo que no se toca, sino que es algo que está todo el tiempo vivo y revisándoseUsted en algunos espacios ha defendido la importancia de aburrirse, incluso no tiene redes sociales y ha manifestado que no le gustan. ¿Aburrirse en estos tiempos es todo un arte?Supongo que sí. A ver: ¿a quién puedes tentar prometiéndole una vida aburrida? Como ‘venga, aquí le ofrecemos aburrimiento’. No existe eso. Los teléfonos promueven una cosa muy compulsiva. Estás diez segundos en el ascensor y, tácate, agarrás el celular; o te subís a un taxi o a un Uber y te vas mirando la pantalla. Yo no soy esa persona. Prefiero mirar. Esa cosa de tener un poco la cabeza flotante, pensando en esto, en lo otro y en lo de más allá, se ha perdido bastante. Si observás a tu alrededor, en todos lados la gente está todo el tiempo con el celular en la mano. En una fila, en el metro, en el bus, en la calle. Ahora hay leyes en Francia y Australia que van a prohibir las redes sociales para menores de quince años. Pero esto es un problema de los adultos también. El bombardeo es infinito, no para.En mayo, recibió el Premio Strega Europeo por ‘La llamada’. Foto:Magdalena Siedlecki¿Esa es la razón por la cual no tiene redes?En un documental buenísimo de Scorsese sobre Fran Lebowitz, que es una gran periodista norteamericana, ella responde que no tiene redes sociales no porque no sepa lo que son, sino precisamente porque sabe lo que son: son una fuente de mucha distracción. No les encuentro el sentido. LEA TAMBIÉN En La dificultad del fantasma cuenta de sus salidas a correr por Palamós. ¿Correr le permite el vacío mental que debemos procurarnos?Sí, pero no siempre se logra ese estado cuando corrés. Como tengo esa rutina, corro de todas maneras. La mayor parte de las veces, cuando salgo a correr, voy escuchando música y, de pronto, aparece una idea. A veces, a partir de algo que estoy escuchando en una canción. O de pronto, salgo a correr pensando en cómo puedo solucionar una cuestión en un texto, y corriendo aparece la solución cuando menos la esperás. A veces, sin siquiera pensarlo de una manera del todo consciente. Vas con eso en la cabeza y aparece. No es que sea la solución perfecta para pensar. Es una interrupción hermosa en el día de otra cosa totalmente distinta, que no tiene que ver con estar sentada leyendo, editando, escribiendo.¿La escritura le genera satisfacción?Con la escritura, todo es bueno. Por supuesto que hay momentos tortuosos en los que decís: ¿cómo voy a hacer para meter todo el material que tengo en un texto con un tamaño más o menos publicable? Pero la verdad es que, una vez que arrancás, todo es placentero, satisfactorio. Con la escritura no hay aburrimiento; precisamente, es lo opuesto del aburrimiento.Con la escritura no hay aburrimiento; precisamente, es lo opuesto del aburrimiento¿Qué le han dado los años y la experiencia a la hora de abordar una historia?Si tenía que entrevistar a una actriz o un director de cine o un escritor que me encantaba, tendía a ser un poco complaciente, un poco más fan. Y con los años vas logrando una distancia que te permite mirar de muy cerca, pero sin involucrarte, sin estar tan mezclada con el mundo del otro. Y, por otra parte, también se va consolidando una voz propia, aunque respeto mucho a esa persona que fui en los primeros años de profesión. Te da templanza, escuchas mejor en las entrevistas. Se afina muchísimo el oído, la capacidad de escucha, la capacidad de investigar y de buscar información, la capacidad de enfrentarte a momentos difíciles. Haciendo periodismo, te encontrás con gente que está en el lado oscuro de la fuerza. Ahí necesitás también un carácter para enfrentarte a esas personas desagradables. LEA TAMBIÉN En un trabajo tan minucioso como La llamada, ¿en qué momento identificó que profundizó y conversó lo suficiente con Silvia Labayru, el personaje central de la historia?Fueron como dos años y medio de entrevistas, no solo con ella, sino con otra gente. Cualquier artículo o libro se termina cuando sentís que todas las preguntas que tenías con relación a un tema están respondidas. Y cuando sentís que, aunque insistas y preguntes y vuelvas sobre un mismo tema, no hay más respuestas que las que ya obtuviste. Te podrías seguir expandiendo, pero no irías más profundo, sino más largo. Hay una diferencia grande en eso. Por supuesto, tenés que asegurarte de haber hablado con todas las personas de tu mapa de reporteo, haber ido hasta lo último para conseguir hablar con gente que es reticente. Insistir, insistir, insistir. Hay veces que esa insistencia no tiene ninguna respuesta. Hay gente que no quiere hablar y no la puedes forzar.Leila Guerriero. Foto:Camilo Rozo / Revista BOCAS¿Qué historia parecía fácil y terminó siendo difícil de escribir?Para mí, ninguna es fácil. Para una como escritora, no hay historias fáciles. Pienso en el libro Una historia sencilla, que es el libro que escribí de un bailarín de malambo, que es un baile folclórico de Argentina. Para un lector, puede parecer una historia sencilla, precisamente porque es una historia de una persona que quiso ganar una competencia de baile y es una historia feliz, pero fue dificilísimo escribir esa historia. Entonces, creo que esa facilidad está más del lado del que lee que del lado del que escribe. El que escribe nunca siente que es fácil.¿Qué piensa al respecto de llevar su obra a la televisión o al cine? ¿Le ha llegado alguna propuesta?Sí, llegan propuestas cada tanto, incluso una vez me propusieron hacer un documental y que yo misma lo dirigiera. Si llega alguna propuesta interesante, no vería el problema. Pero me desprendería. Es una obra distinta, yo no sé escribir guiones ni dirigir.¿Qué tanta imaginación tiene Leila Guerriero?Depende para qué. Imaginación para escribir ficción, ninguna. Pero para el resto de las cosas, creo que bastante. Tengo imaginación para aplicar recursos narrativos, puntos de vista, etc. El hecho de leer también requiere que tengas bastante imaginación. Son palabras y en tu cabeza se va formando una escena.Natalia Tamayo Gaviria Subeditora DomingoX: @natalliatg13 Sigue toda la información de Cultura en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.