Leandro Fowler sostiene la tela con una delicadeza reservada para los objetos sagrados. Sus ojos recorren cada fibra de ese celeste profundo y liso. Es un hombre que habita entre reliquias, un cronista de hilos que busca reconstruir el pasado de Belgrano a través de sus fibras. En su colección, que supera la centena, tiene 85 casacas originales del ‘Pirata’; y entre ellas se destaca una prenda cuya rareza roza lo imposible.
“Es una camiseta muy especial y extremadamente escasa de Belgrano”, le cuenta este cordobés a Perfil Córdoba. La pieza posee una historia brevísima en el campo de juego, un rastro fugaz que duró apenas tres jornadas del Torneo Clausura 2000. El Celeste la vistió exclusivamente durante los periodos iniciales de aquellos encuentros. Al regresar del descanso, los jugadores vestían la versión azteca de Le Coq Sportif. Esa rotación de indumentaria otorgó a esta prenda un aura de misterio que Fowler persiguió durante un lapso superior a un lustro.
“Esta camiseta apareció por primera vez frente a Instituto, el 11 de junio de 2000”. Luis Ernesto Sosa estuvo ausente en aquella ocasión debido a una lesión. El destino aguardaba un momento de pesadumbre colectiva para unir al ídolo con esta tela. La prenda volvió al césped frente a Colón, pero el ingreso de ‘Chiche’ ocurrió durante el segundo tiempo, cuando el equipo ya vestía otro modelo.







