Retratos Contempor�neosEl presidente de la FIFA ha emergido de un fondo muy oscuro hasta las cumbres del poder del f�tbol y amortiza su posici�n para enredar sin fin con una clara servidumbre ante Trump y el dinero. Organiza mundiales a tres bandas y ahora tiene a Marruecos apret�ndole el nudo de la corbataEl presidente de la FIFA, Gianni Infantino.APActualizado S�bado,
agosto
23:13De golpe, en medio del parch�s loco del mundo, Gianni Infantino irrumpi� en la vida de la gente aprovechando la corriente del Mundial de f�tbol de este a�o. Un dise�o propio repartido a tres bandas (M�xico, EEUU y Canad�) para mayor gloria de su ambici�n descomunal, su hambre de foco y su ramalazo de cheerleader. Sumando estrategia y favores ha podido hollar la cumbre. Quienes saben de la mec�nica turbia del negocio del deporte conoc�an la existencia de este marrajo con tres filas de dientes, insaciable, capaz de sobrevivir en las aguas m�s infames. Los dem�s, que somos casi todos, lo hemos ido descubriendo plano a plano de televisi�n cuando se revel� hasta las costuras como vanidoso a jornada completa y trilero de mucho cubilete.Gianni Infantino es suizo de padres italianos emigrados. Ni�o de familia esforzada, hijo de calabr�s, pol�glota, pelirrojo antes que calvo. Naci� en 1970 entre monta�as, en un pueblo arc�dico, Brig-Glis, y con la salud floja. Aprendi� a manejarse por igual en varios idiomas, a dar carcajadas de gracioso complaciente y a contar chistes a falta de dones mejores. Quiso ser jugador de f�tbol, pero el talento no le llegaba a los pies. Durante a�os se disfraz� de don nadie, pas� desapercibido, cultiv� las ma�as de la intriga por la espalda para traicionar sin lastimarse despu�s con la culpa, y despu�s de estudiar Derecho en la Universidad de Friburgo se especializ� en asuntos del f�tbol. Aprendi� a moverse veloz sin llamar la atenci�n en el laberinto de organizaciones deportivas y sus contradespachos, consciente de que el tiempo y los r�os nunca corren para atr�s. Espig� profesionalmente en el departamento de asesor�a jur�dica de la UEFA de Michel Platini -que lo llama Maquiavelo- antes de llegar a la FIFA de Joseph Blatter -que lo odia-, y una vez que estallaron los asuntos de corrupci�n necesarios para fumigar a sus antecesores (en los que se puso de perfil despu�s de a�os de pelota y aprendi� que en ciertos momentos lo mejor es mirar al suelo), asent� las posaderas en el trono del comercio del f�tbol mundial y cambi� tajantemente la piel hasta desplegar al tah�r que llevaba tiempo agazapado en la masa de la sangre.Infantino espectaculariza cuanto toca. Va de pa�s en pa�s en jet privado, igual que saltaba Tarz�n de un �rbol a otro agarrando lianas. Reside en Qatar. Es un trepa de manual, capaz de decir una cosa y la otra seg�n convenga. Igual se entrega de felpudo a los delirios de La Bestia Trump que masajea al siniestro Vladimir Putin o se embarca en una tremolina de reverencias serviles ante Mohamed VI. Ha dise�ado otro Mundial Monopoly de los suyos para 2030, con tres sedes de nuevo: Espa�a, Portugal y Marruecos, avivando el l�o pol�tico a cuenta del oscuro papel del reino de Marruecos en la entrada multitudinaria por mar de ciudadanos marroqu�es en Ceuta: 72.000. Casi la poblaci�n estable de la ciudad aut�noma. (La invasi�n ha dejado, al menos, 140 ahogados). Pudiera ser que Infantino, en su diplomacia catacumbal, hubiese ofrecido al rey alauita la celebraci�n de la final de 2030 en el estadio monumental que proyecta Marruecos al norte de Casablanca, con capacidad para 115.000 espectadores.Infantino es de esos tipos que una vez emergidos del fondo abisal se adhiere a la fama como una lapa. Exigi� que en los partidos del Mundial a los que asist�a las c�maras lo enfocasen al menos una vez. Ha logrado hacerse sitio con las ventajas de un emperador sin padecer las calamidades de serlo. Tambi�n dise�� un plan para sacar m�s dinero del f�tbol y por lo dudoso del prop�sito le dimitieron algunos colaboradores inmediatos. Qu� se puede esperar de un tipo que se quej� de ganar s�lo dos millones de d�lares al a�o. Poco despu�s la n�mina le subi� a seis. Otro perla. Despliega la vanidad hortera de los insaciables. Algunas vanidades han sido favorables, c�mo no reconocerlo: la de Felipe II facilit� la construcci�n de El Escorial, la de los Papas llev� a Miguel �ngel a pintar la Capilla Sixtina, la de Maria Antonieta le hizo perder la cabeza, la de Coco Chanel revolucion� la moda, la de Edith Piaf ech� por la boca su versi�n de Non, je ne regrette rien. Pero en el caso de Infantino no es f�cil destacar un m�rito constitutivo de halago. Su vanidad es tan fr�vola, lacaya y calculadora que puede empujar al f�tbol al cataclismo.De primera mano sabemos que en el imperio de Infantino la materia prima es el arribismo. El f�tbol le importa en la medida en que puede catapultar su fortuna y su jet. Tiene cada vez m�s gente en contra, aunque �l va por la vida como un duque falso trajinando contratos abultad�simos donde la econom�a s�lo es una de las patas del pulpo. En la base de la pir�mide de su avaricia est� el f�tbol. Este es su momento y aprovecha para vengarse de tantos a�os en los que doblaba el espinazo al paso de gente que subestimaban su avidez e hicieron de menos ese instinto decididamente hecho con el metal de un carn�voro cuchillo. Ah� est� er t�o, como dicen mis amigos de Sevilla.Gianni Infantino, en constante zafarrancho de combate por el dinero, conoce a fondo los resortes de la corrupci�n, pues la FIFA a la que lleg� era un m�ster de esti�rcol. El f�tbol es una p�rtiga con la que impulsarse y un pase Vip a los despachos ovales del planeta. �l sabe c�mo hacer uso. Lo extravagante es c�mo un individuo as� alcance un poder tan estramb�tico mezclando lo personal con lo pol�tico y sea capaz de envenenar la diplomacia entre pa�ses y manipularla como un tren que descarrila. Qu� cosas.
















