Gianni Infantino (56) se mueve entre las sombras.Sin embargo, le vemos.Le vemos porque se deja ver. Se asoma a los grandes palcos de los grandes estadios. Posa junto a los jerifaltes, atiende a los medios en pomposas ruedas de prensa en el cuartel general que él preside, la FIFA, en Zurich. Entrega trofeos, sonríe a menudo. Se sienta junto a Donald Trump. Se inventa un reconocimiento de chichinabo para el presidente republicano, se inventa el Premio por la Paz de la FIFA. Le ríe las gracias a Trump y le apercibe como a un niño pequeño:–Retírese de la foto, presidente, que ahora solo deben posar los campeones del mundo –le dice al presidente de Estados Unidos durante la entrega del título a los españoles.Donald Trump y Gianni Infantino, el día de la final de la Copa del Mundo de fútbol en Nueva Jersey Jacquelyn Martin / APTrump es Trump y por eso no le hace ni caso: se planta junto a la roja, espera a que Rodri alce el copón, a esto se le llama photobomb, revienta la imagen, Trump quiere posar junto a los campeones y lo hará por lo civil o por lo criminal.En contraprestación y en justo pago por sus servicios, Trump promociona a Infantino, pues al fin al cabo el burócrata suizo es el hombre que apuesta por las pausas de hidratación para sacarle más jugo a la publicidad, es el que le levanta la sanción al sancionado Balogun para que juegue ante Bélgica, es el que eleva a 48 la cifra de selecciones en la Copa del Mundo, es el que aspira a llegar a 64 países en el 2030, es el que pretende privatizar la FIFA, convertirla en una sociedad valorada en 20.000 millones de dólares, entregándole una parte de su dirección al abanico de empresas que se encargarían de buscarle financiación, incluido Jared Kushner, el yerno de Trump.En justo pago, Trump se plantea la posibilidad de proponer a Infantino como secretario general de la ONU.La UEFA prepara una reunión de urgencia para contrarrestar a Infantino: “Cruza una línea que no se puede cruzar”Sí, Infantino se mueve entre las sombras, pero le vemos venir.Le ve venir el abanico de organismos, entidades y federaciones, incluida la UEFA, que se maneja en el perímetro de la FIFA.Todas aparecieron ayer en escena, todas le dijeron de todo a Infantino, le dijeron de todo pero nada bueno.Mientras prepara una reunión de urgencia para contrarrestar la privatización de Infantino (informaba ayer la BBC), la UEFA escribió:–Esto cruza una línea que las instituciones rectoras del fútbol nunca deberían cruzar. Ninguno de nosotros es dueño del fútbol. La FIFA no se puede vender.Y la Concacaf (Confederación de Federaciones de América del Norte, América Central y el Caribe):–Compartimos la decepción de muchos en nuestra región. Como líderes dentro del fútbol, somos los custodios del juego. Cada decisión que tomemos debe estar guiada por una buena gobernanza, procesos sólidos y una gestión a largo plazo.El líder de la FIFA pretende privatizar la entidad, entregándole parte de la dirección a un abanico de empresasY Sepp Blatter, el anterior presidente de la FIFA, a través de las redes sociales:–La estrecha relación entre el presidente de la FIFA y el presidente de Estados Unidos ha alcanzado una dimensión financiera que está perjudicando profundamente al fútbol. Nadie tiene derecho a vender nuestro deporte.Surgieron más críticos, más entidades que se manejaron en términos similares. A lo largo del día fueron saltando la Federación Inglesa, la Francesa, la Danesa, la Checa o la Confederación Asiática.“Quien mezcle política, disciplina, dinero y poder sin transparencia no puede liderar nada”, se lamenta Javier TebasTambién Javier Tebas, presidente de LaLiga, apareció en escena:–Las competiciones y los derechos comerciales de la FIFA no son propiedad personal de Gianni Infantino. Quien mezcle política, disciplina, dinero y poder sin transparencia no está capacitado para liderar nada. Infantino no es la solución a los problemas de gobernanza de la FIFA.(...)Y mientras tanto, Infantino guardó silencio, siguió manejándose entre las sombras, acaso aferrándose a las declaraciones que había emitido en la víspera, cuando aún ningún gran burócrata se había posicionado en su contra.El martes, Infantino escribía en las redes sociales:–A todos aquellos que se perdieron la belleza de nuestro deporte, las emociones, las celebraciones, la risa, el llanto, la decepción y el disfrute, lamento que estuvieran tan consumidos por el odio y las críticas que se lo perdieron todo.Licenciado en Derecho (UB) y Periodismo (UPF). En La Vanguardia desde 1995. Estuvo en Sociedad, Política y Economía. Hoy escribe retratos y columnas en Deportes. Autor de 'Soñé que estaba vivo' y 'Soy un superhéroe'