Los rivales suelen retroceder cuando una especie territorial interpreta su presencia como una amenaza y convierte el encuentro en una disputa que puede acabar mal. Los animales que reaccionan con agresividad por instinto suelen hacerlo para defender alimento, crías, pareja o espacio, aunque cada especie activa esa conducta ante estímulos distintos.

Leones, hipopótamos, que son realmente peligrosos, y cocodrilos figuran entre los ejemplos conocidos, mientras que salamandras, hormigas alpinas, peces pequeños y aves tranquilas muestran respuestas menos famosas.

Esa predisposición tampoco actúa de forma aislada, porque el hambre, la reproducción, la competencia y la temperatura pueden elevar o reducir la intensidad del ataque.

Un estudio relaciona el calor con peores decisiones en las aves

El calor altera varias de esas respuestas, según investigaciones recogidas por ZME Science y Science News, que relacionan las temperaturas elevadas con mayor agresividad y peor rendimiento mental.