08/08/2026 a las 07:30h.
De pequeños nos enseñan a que la envidia es un sentimiento 'de los malos' y que, al igual que nos recomiendan sobre el enfado, la tristeza o el miedo, es mejor frenarla que acomodarse en ella. La consecuencia de vivir de la mano de la envidia es la pérdida de la felicidad. Esta conclusión, aunque drámatica, ha sido apoyada durante siglos por los hombres mejor formados de cada sociedad.
Lo dijo Aristóteles en su 'Retórica' allá por el siglo IV a. C. La envidia es una emoción característica de las personas de «alma pequeña», amantes de la fama y de los honores. El envidioso es un ser insatisfecho incapaz de ver y reconocer todo lo bueno que en verdad tiene, siempre pendiente del otro que «ocupa» su lugar. Criticó duramente esta actitud diciendo que «envidiar es vil y de gente vil».
La envidia es mirar lo ajeno, de ahí, el origen etimológico de la palabra: envidia (invidio) contiene la idea de mirar (videre) hacia los otros (in) con malos ojos. Así hacían los dioses del Olimpo griego: vivían su vida envidiando -mirando- a los hombres.
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