Para el emprendedor nigeriano Kola Masha (Lagos, Nigeria, 47 años), el desempleo juvenil y la falta de oportunidades en Nigeria no suponen solo un mal indicador económico. También los considera el “oxígeno” que alimenta a los grupos insurgentes que desde hace años siembran el terror, sobre todo en el norte del país. “El Banco Africano de Desarrollo ha realizado numerosos estudios que muestran una correlación entre un aumento del desempleo juvenil con un incremento de la inseguridad. Cuando los jóvenes no tienen oportunidades económicas dentro de su sociedad, les cuesta ver un futuro. Llegan a sentirse tan desilusionados que resulta más fácil para las organizaciones insurgentes reclutarlos, y se convierten en ese oxígeno que permite a estos grupos crecer”, explica en una entrevista con EL PAÍS en Madrid, donde acaba de participar en una conferencia organizada por la ONG Acción contra el Hambre y el fondo de inversión de impacto Impact Bridge.Con esa convicción, Masha quiso contribuir a eliminar “ese oxígeno” a través de lo que considera uno de los motores de creación de empleo en el continente africano: la agricultura. En 2012 nació Babban Gona, una empresa social que comenzó a operar en la franja de sabana sudanesa del norte de Nigeria, un área situada en el límite de las regiones más afectadas por grupos insurgentes. “La inmensa mayoría de la gente quiere quedarse donde vive. Quienes se van lo hacen, fundamentalmente, por motivos económicos. Por eso, nuestro objetivo es eliminar los factores que obligan a las personas a abandonar sus hogares”, explica el cofundador y director general de Babban Gona.Con ese fin apoyan a pequeños agricultores mediante formación, financiación y todos los insumos que necesitan para cultivar, salvo la tierra y su propia mano de obra. “Además, les ayudamos con el almacenamiento y la comercialización de sus cosechas”, resume el emprendedor. Una vez vendida la cosecha, los agricultores devuelven el préstamo con esos ingresos, un modelo que, según la empresa, registra tasas de devolución cercanas al 99%. Según explica su cofundador, en estos años han beneficiado a más de medio millón de personas. “De media, hemos conseguido que dupliquen su rendimiento agrícola y que sus ingresos netos sean más del doble que los de otros agricultores similares”, añade.Masha considera que la pobreza rural en el continente africano no tiene que ver con la falta de capacidad de sus pequeños agricultores. La razón fundamental por la que son pobres es que sus explotaciones operan a una escala muy reducida. “Esto les dificulta acceder a la financiación que necesitan, que es el elemento más importante”, añade. Creo que mucha gente piensa que el acceso a la financiación es un complemento, cuando en realidad es la base; es ese cimiento el que hace posible todo lo demásKola Masha, cofundador y director general de Babban GonaPara salir de la pobreza, un pequeño agricultor necesita invertir alrededor de 500 dólares por hectárea en mejores insumos y herramientas agronómicas, explica. Pero, ¿de dónde va a sacar 500 dólares de una sola vez, justo cuando debe sembrar, alguien que gana un dólar al día?, se pregunta. La falta de financiación lleva a una cadena de problemas: impide comprar semillas o fertilizantes de calidad, limita el acceso a conocimientos técnicos y obliga a vender las cosechas cuando los precios son más bajos para obtener liquidez. “Creo que mucha gente piensa que el acceso a la financiación es un complemento, cuando en realidad es la base que hace posible todo lo demás”, asevera. “Si les preguntaras a 100 de nuestros miembros, te aseguro que el 90% diría que el mayor beneficio que les aportamos es precisamente ese capital para invertir”.Sin embargo, es difícil que los bancos convencionales concedan esta financiación. “Muchos no tienen una dirección formal ni un documento oficial de identidad, lo que dificulta concederles préstamos de manera directa”, asevera. “Además, el importe que necesita cada agricultor individual no es lo suficientemente elevado como para compensar los costes operativos que supone desplazarse hasta ellos y prestarles apoyo. Y la tercera [razón] es que la agricultura es un sector que conlleva riesgos reales. En mi opinión, los riesgos percibidos suelen ser mayores que los reales, pero estos existen, y los bancos no son especialistas en gestionarlos o mitigarlos”.Su respuesta al problema ha sido crear un modelo de instituciones comunitarias de financiación agrícola. Babban Gona ayuda a emprendedores locales a poner en marcha empresas que apoyan a un centenar de pequeños agricultores de su comunidad con formación, financiación, insumos y acceso al mercado. Estas entidades pueden obtener de los bancos préstamos de entre 50.000 y 100.000 dólares (hasta unos 86.000 euros), una financiación que sería prácticamente inalcanzable para esos agricultores de forma individual. “En Nigeria ya hemos puesto en marcha más de 800 de estas instituciones comunitarias de financiación agrícola y cerca de ocho bancos han aprobado líneas de crédito por unos 20 millones de dólares para financiarlas”. Ese acceso al capital adquiere aún mayor importancia en un país como Nigeria. A pesar de contar con millones de hectáreas cultivables, abundantes recursos hídricos y un enorme mercado interno, Masha considera que el principal freno para liberar el potencial agrícola del país es el acceso a financiación. Aunque supone alrededor del 25% del PIB (el 40% con toda la cadena de valor), “la financiación destinada a la agricultura representa menos del 3% del crédito concedido al sector”, explica, citando datos del Banco Central de Nigeria. “Además, el sistema bancario nigeriano, en su conjunto, equivale apenas al 15% del PIB. En consecuencia, toda la economía sufre una escasez de financiación. Y, dentro de esa financiación ya limitada, el sector agrícola recibe una parte especialmente reducida. Una vez resolvamos ese problema, veremos un crecimiento espectacular”, vaticina. Nigeria es, además, como gran parte del continente africano, un país vulnerable a los efectos de la crisis climática. ¿Cómo se puede mitigar el impacto de sequías, inundaciones y otros fenómenos extremos en la agricultura? “Estudiamos aproximadamente 30 años de datos meteorológicos y los incorporamos a nuestra tecnología. De ese modo, cuando financiamos a un agricultor, la propia aplicación le indica si una determinada zona no es adecuada para ese cultivo. Si el riesgo histórico es demasiado elevado, simplemente no concedemos la financiación”, explica. Complementan la estrategia con semillas adaptadas y seguros agrícolas ante riesgos meteorológicos, de producción y de precios. “En el caso del maíz, el Instituto Internacional de Agricultura Tropical (IITA) ha desarrollado variedades resistentes a la sequía, de modo que, cuando se producen estos y otros fenómenos adversos, son capaces de sobrevivir”, explica. También recurren a la inteligencia artificial. A partir de una fotografía del cultivo, la herramienta de IA analiza tres parámetros del estado de la explotación, identifica qué problemas existen y recomienda qué medidas tomar para solucionarlo, explica.Cuando se le pregunta si puede demostrar que su empresa ha reducido la violencia en las comunidades donde trabaja, responde con cautela. “¿Cómo se mide el hecho de haber evitado que algo ocurriera?”, plantea. Lo que sí asegura poder demostrar es que los agricultores con los que colaboran han incrementado sus ingresos en comparación con otros similares. “Y si se acepta la hipótesis de que las comunidades más dinámicas y prósperas son menos vulnerables a la expansión de la inseguridad, entonces sí podemos afirmar que hemos contribuido positivamente en ese sentido”, explica.“Queremos quitarles el oxígeno a los grupos insurgentes”, recuerda. Para ello, han ampliado su trabajo a la nutrición, educación, la atención sanitaria y las energías renovables. Masha lo resume como un proceso en dos pasos. “El primero es poner más dinero en el bolsillo de la gente. Lo siguiente es asegurarse de que tengan acceso a servicios de calidad para que puedan utilizarlos y mejorar sus vidas y las de sus familias”.Para él, el éxito no es el número de beneficiarios ni la tasa de devolución de los préstamos, sino cómo han cambiado las expectativas de los propios agricultores. Recuerda que los primeros con los que trabajaron soñaban con enviar a sus hijos a la escuela o comprar un tractor. Quince años después, algunos de ellos hablan de pagar estudios universitarios a sus hijos fuera de Nigeria: “Ver a un pequeño agricultor que no terminó la primaria llegar a creer que ese sueño es realmente posible, eso nos da muchísima esperanza”.
Kola Masha, emprendedor nigeriano: “Nuestro objetivo es eliminar los factores que obligan a las personas a abandonar sus hogares”
El cofundador y director general de la empresa social Babban Gona defiende que invertir en agricultura y empleo juvenil es la mejor herramienta para combatir las causas profundas de la violencia y la migración en Nigeria







