Es habitual entre los seguidores de La casa del dragón decantarse por el bando de Rhaenyra Targaryen dentro de la guerra civil conocida como la 'Danza de dragones'. No es solo que Rhaenyra sea la protagonista, sino que tiene la legitimidad de su lado (que no la costumbre, pues en los Siete Reinos ninguna mujer se ha sentado en el trono antes que ella). Sufrió una gran injusticia: era la heredera designada por su padre pero, como el pobre Viserys no dejó bien atada la sucesión, le arrebataron el poder. Además, se nos deja claro en repetidas ocasiones que dos de sus medio hermanos, el rey Aegon y el príncipe Aemond, son psicópatas muy peligrosos (aunque después tendrán un interesante desarrollo de personaje).
Como espectadores de la serie de HBO Max, que este próximo lunes emite el final de su tercera temporada, ya es sencillo ir con el bando negro (el de Rhaenyra), sobre todo al final de la primera tanda, cuando a la protagonista le matan a un hijo mientras coronan a Aegon, y no a ella, como nuevo monarca de los Siete Reinos. Al inicio de la segunda temporada, cuando el bando de Rhaenyra comete un brutal asesinato sobre un niño inocente, que se atribuye en parte a una confusión, sentimos por primera vez compasión por el bando de los verdes. Pero se nos disipa pronto, pues siguen liderados por personajes crueles y mezquinos, y no podemos atribuir a Rhaenyra del acto atroz que ha cometido su facción.













