Actualizado a las 08:52h.
El entorno rural es uno de los grandes incomprendidos del siglo XXI. Y, sobre todo, de la actualidad. Cada vez menos gente quiere vivir en los pueblos y cada vez menos gente quiere trabajar en ellos. Sin embargo, principios básicos como la agricultura o la ganadería dependen en buena medida de esos pequeños núcleos urbanos y de todo su término municipal.
Al menos, lo que se entiende por agricultura y ganadería de calidad. Una de las grandes asignaturas pendientes de la clase política actual es no saber fomentar que los pueblos no pierdan su esencia ni sus gentes. No hay incentivos que hagan que la gente quiera quedarse trabajando en el campo o en sus pequeños negocios porque los pueblos, a nivel de servicios, están completamente abandonados.
Una rueda de la que hoy por hoy es imposible salir. ¿Quién va a querer quedarse en una localidad en la que no hay colegios a los que llevar a los niños, en los que la sucursal bancaria de turno abre dos veces a la semana o en la que para ir al médico o comprar tienes que coger el coche y hacer trayectos de 20 o 30 kilómetros?
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