Actualizado a las 20:22h.

El presidente estadounidense, Donald Trump, está remodelando a conciencia las relaciones de su país con Hispanoamérica para demostrar que su concepto de seguridad nacional va a ser el cimiento de una nueva etapa de la política exterior de Estados Unidos. El pasado marzo, la Casa Blanca fue el escenario de un encuentro con diversos gobiernos hispanoamericanos y del Caribe, bajo el lema nada equívoco de ‘Escudo de las Américas’, que puso en marcha la nueva estrategia de seguridad de Estados Unidos, con medidas políticas y militares. Estas últimas ya han tomado cuerpo en un nuevo plan de colaboración con gobiernos del centro y sur de América, la mayoría afines a Trump y otros, como el de México, claramente alejados del trumpismo. Se trata de una reforma del Mando Sur del Ejército de Estados Unidos con la que el presidente republicano quiere crear nuevas capacidades militares, mediante el aumento de la cooperación de Inteligencia y, fundamentalmente, el despliegue de tropas estadounidenses sobre el terreno. El objetivo anunciado será la lucha contra el narcotráfico y las organizaciones criminales que Washington considere amenazas para Estados Unidos. Hasta el momento, las principales operaciones contra el narcotráfico en países como México o Colombia evitaban la intervención de tropas estadounidenses en sus territorios, aunque contaran con su apoyo logístico y de Inteligencia, incluso aéreo, o para la formación de sus propias tropas. Trump no dudó en soslayar esas limitaciones y decidió unilateralmente atacar en el Pacífico y el Caribe –la operación llamada Lanza del Sur– los barcos o lanchas que sus servicios de Inteligencia consideraban narcotraficantes.