Así como los nombres de los tres hijos menores de Elon Musk parecen denominaciones de un máquina, de una droga farmacéutica en experimentación, o incluso de una nave espacial, el nombre completo de Abdul El-Sayed también presenta sus obstáculos al pronunciarse. Quizá por eso, este político norteamericano cuya imagen trascendió en estos días los límites mediáticos de su Michigan natal, redujo a doce letras su nombre que en total, tiene veinticinco. Es decir, en lugar de Abdulrahman Mohamed El-Sayed –demasiado largo para la cartelería electoral– a Abdul El-Sayed. “Pronunciar mi nombre produce sonidos que salen de partes de la garganta que las personas que no saben que tienen”, ironizó en algunos de los reportajes que en campaña dio a los medios de Michigan, estado donde Abdul El-Sayed ganó “las PASO” del Partido Demócrata. Su rival en este interna fue Haley Stevens, la preferida del establishment de ese partido que también tiene su propio conservadurismo. Y además, una candidata que recibió para su campaña treinta millones de dólares de una organización proisraelí que no quería al norteamericano musulmán.
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