Después de varios meses de recuperación del crédito al consumo, muchas familias argentinas empezaron a descubrir la otra cara del financiamiento: endeudarse es cada vez más fácil, pero salir de la deuda puede ser mucho más difícil. El verdadero desafío hoy ya no es acceder a un préstamo o pagar con tarjeta, sino administrar esas herramientas sin que terminen comprometiendo la economía del hogar.

Los números muestran que esta preocupación dejó de ser una percepción para convertirse en una realidad. Según el último Informe sobre Bancos del Banco Central (BCRA), la morosidad de las familias alcanzó el 12,8% en mayo y continúa mostrando una tendencia creciente. Al mismo tiempo, el crédito destinado al consumo cayó 1,1% en términos reales, una señal de que muchas personas ya no buscan endeudarse más porque todavía están intentando acomodar las obligaciones que asumieron meses atrás.

A este escenario se suma otro dato clave: hoy el costo de financiarse es elevado. A fines de julio, la tasa de los préstamos personales rondaba el 60% anual, muy por encima de la inflación acumulada de los últimos doce meses. Esto significa que, para quien tiene capacidad de elegir, cancelar una deuda cara suele generar un beneficio económico mayor que mantener ese dinero invertido en alternativas tradicionales de ahorro.