En una tarde de verano fría, ventosa y húmeda del mes pasado, Pete Beachy soltó una risita mientras miraba por sus binoculares y se preparaba para hacer algo que incluso él admitía que podía parecer muy, pero muy estúpido. “Ahí está —murmuró—. Esa es una ola”.Estacionado junto a la autopista Seward en Alaska, Beachy había avistado el primer indicio de espuma que se curvaba alrededor de Bird Point, a 48 kilómetros al sureste de Anchorage, y se dirigía hacia una ensenada conocida como Turnagain Arm. La “ola” era un macareo, una oleada que ocurre dos veces al día y se forma cuando la marea alta que entra del océano Pacífico es forzada hacia el estrecho brazo de la ensenada de Cook contra la corriente saliente.La gran ola resultante puede alcanzar los tres metros de altura, con velocidades de 16 a 24 kilómetros por hora, y los surfistas pueden montarla por kilómetros si son lo suficientemente resistentes para soportar el frío y lo suficientemente hábiles para mantenerse de pie.Los reyes de las olas“Un momento está todo tranquilo y estás mirando las montañas, las águilas y las cabras, y al siguiente sientes que tienes todo el océano subiendo detrás de ti”, dijo Beachy. “Es mágico, amigo”.Los hidrólogos han documentado más de 60 macareos en todo el mundo, pero sólo cerca de una decena se pueden surfear. En Turnagain Arm se encuentra uno de los más accesibles del mundo. El secreto se está dando a conocer entre los surfistas de olas grandes que buscan uno de los recorridos más inusuales del mundo, y entre un número pequeño de habitantes de Alaska que han adoptado el deporte.
Surfistas buscan ir a Alaska para conquistar la gran ola
El Alaska hay olas que pueden llegar a medir hasta tres metros de altura, pero sólo se hacen en una hora específica del día. Surfistas buscan conquistarla.







