En muchas operaciones inmobiliarias, comprar una vivienda no empieza con una compra sino con una venta.

Una familia necesita disponer del dinero de su propiedad actual para acceder a la siguiente, mientras que quien le vende puede encontrarse exactamente en la misma situación.

Se forman así cadenas de operaciones que deben coordinarse casi artesanalmente.

En nuestra inmobiliaria vivimos recientemente un caso particularmente ilustrativo: cuatro operaciones simultáneas, en las que cada uno de los actores necesitaba cobrar su venta para poder concretar su siguiente adquisición.

Cuatro reservas, boletos y escrituras relacionadas entre sí, donde un retraso en cualquiera de ellas podía complicar todas las demás.