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Aunque para el momento en que se publica esta columna Abelardo de la Espriella no se ha posesionado de forma oficial, ya tenemos pistas suficientes para imaginar lo qué será su gobierno: una imposición constante de versículos sobre artículos. Hace unos días, él mismo compartió un video en el que mostraba orgulloso cómo la primera reunión con su equipo de trabajo fue un retiro espiritual. En ese retiro, De la Espriella le entregó a sus ministros, pastores y pastores/ministros una Biblia con el logo de los Defensores de la Patria en la portada. “Para construir una gran nación, hay que poner a Dios en el centro de cada decisión”, dijo.
Lo problemático no es que Abelardo crea en un dios o regale Biblias. Lo problemático es que en el centro de las decisiones de un gobierno no debería estar Dios sino el pueblo. En eso consiste la democracia. Eso es lo quedó escrito en el artículo 15 de la Constitución de 1991: que garantiza la libertad de cultos y que todas las personas tienen derecho a profesar o no una religión. Es por eso que Viviane Morales puede pertenecer a la Casa sobre la roca, o Jaime Beltrán puede ser pastor de Mecal. Sin la Constitución de 1991, la única religión permitida en Colombia seguiría siendo la católica, como quedó estipulado en 1886.










