Ya tenemos encima las fiestas de agosto en el centro de Madrid –San Cayetano, San Lorenzo y la Virgen de la Paloma– y no tardarán en llegar con ellas las guerras culturales a propósito de lo castizo y lo madrileño. Asuntos abandonados a su suerte durante décadas que, últimamente, afloran cada vez que un político de cualquier signo político se enfunda una parpusa de bazar.
Coincidiendo con el debate público que se dio durante las pasadas fiestas de San Isidro, el historiador Álvaro París –investigador de la Universidad de Salamanca y miembro del Grupo Taller de Historia Social–ofreció en el Ateneo La Maliciosa una conferencia titulada Majas, manolos y chulas: el Madrid popular frente al neocasticismo reaccionario. Como las fiestas de agosto se desarrollan en barrios que fueron de marcado cariz popular, hemos ido a buscarle para tratar de entender un poco más el sustrato historiográfico del debate.
SOMOS MADRID: Hola, Álvaro, por situarnos, explícanos a qué llamamos históricamente los barrios bajos de Madrid
ÁLVARO PARÍS: En Madrid hay una franja de calidad que va de un palacio a otro, del de Oriente al del Buen Retiro, en el eje Alcalá, Puerta del Sol, Carrera de San Jerónimo. Ese es el espacio de representación del poder, las clases medias, donde aparecen los cafés, etc. Luego están los barrios bajos. Se comienza a llamar a así a los espacios de vida y trabajo de las clases populares madrileñas, que están literalmente abajo, porque bajas hacia Embajadores, donde hay una gran concentración de talleres, está El Rastro...








