El juicio por la muerte de Diego Armando Maradona sumó un capítulo de pura angustia y acusaciones letales. En los tribunales de San Isidro, Nicolás Taffarel, el masajista personal que acompañó al Diez durante su agonía en el country San Andrés de Tigre, se sentó frente a los jueces y no se guardó absolutamente nada. Con una mezcla de dolor e impotencia, el testigo prendió fuego al equipo médico que lideraba el neurocirujano Leopoldo Luque y soltó una frase que resonó con fuerza en la sala: "Podrían haberlo salvado". El vínculo entre Taffarel y Maradona venía de larga data, desde antes que el astro armara las valijas para dirigir en México. Sin embargo, su relato se concentró en la etapa más oscura: la internación domiciliaria. El masajista relató que, recién operado, Diego estaba "reseteado" de la cabeza y había recuperado la chispa. Pero la ilusión duró poco. En cuestión de días, el cuadro se derrumbó por completo. El Diez dejó de comer, se negaba a bañarse y pasaba hasta 26 horas seguidas hundido en la cama.

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