Laura Peraino, una mujer de poco más de 50 años decidió detenerse a pensar en la figura que marcó su vida desde la infancia. Su papá acaba de cumplir 90 años y, después de décadas dando por sentado muchos de sus gestos, llegó a una conclusión: "Estoy en mis cincuenta y pienso en mi propio padre de 90 años y en todo lo que me ha dado, ya es hora de que le dé las gracias".La reflexión comienza con una frase que escuchó de su marido: "Las mamás se llevan todo el mérito". Aunque admite que él no siempre tiene razón, reconoce que esta vez comparte su mirada. En su relato sostiene que muchas veces el aporte de los padres queda en un segundo plano.El esfuerzo silencioso de sostener una familiaEl primer agradecimiento está dirigido al esfuerzo económico que hizo su padre para garantizar un hogar estable. Recuerda haber crecido con un techo, comida sobre la mesa y la posibilidad de acceder a actividades como clases de piano y danza, sin una vida de lujos, pero sin que faltara lo esencial.Recién en la adultez, y después de convertirse en madre, comprendió el significado de esa responsabilidad. Entendió que no todos los niños crecen con esa seguridad y que trabajar para brindar estabilidad también es una forma cotidiana de demostrar amor.Otro de los aspectos que más valora es la relación entre sus padres. Cuenta que llevan 67 años de matrimonio y que siguen compartiendo proyectos, risas y admiración mutua. Según relata, crecer viendo una pareja unida le enseñó que las mujeres fuertes, inteligentes y con personalidad merecen ser respetadas y queridas. Un padre presente incluso en los momentos más difícilesUno de los recuerdos más vívidos ocurrió durante el último año de la escuela secundaria. Después de que su novio la dejara plantada en el baile de graduación, logró llamar a su padre desde un teléfono público. Apenas escuchó el temblor en la voz de su hija, él respondió con una sola pregunta: "¿Dónde puedo ir a buscarte?".Hay un consejo que todavía conserva. Su padre solía decirle que, cuando la vida ofreciera una oportunidad para viajar, conocer gente o probar algo diferente, la respuesta debía ser siempre la misma: decir que sí.Aunque reconoce que los padres de las décadas del 60, 70 y 80 solían ser menos sobreprotectores que los actuales, asegura que tanto ella como sus hermanos siempre supieron que podían contar con ellos cuando más lo necesitaran.También recuerda el papel que tuvo el humor dentro de la familia. Describe a su padre como una persona que disfruta hacer reír a los demás y reconoce que heredó esa característica. "Puedo perdonar mil ofensas con tal de que me hagas reír", escribe.Al mirar hacia atrás, también entiende que el ejemplo de su padre influyó en la elección de su esposo, un hombre trabajador, íntegro, fiel a su familia, con sentido del humor y gusto por la aventura. Hoy, al verlo ejercer la paternidad, espera que sus propios hijos algún día valoren ese legado del mismo modo que ella finalmente logró hacerlo con una frase sencilla que resume toda su historia: "Gracias, papá".