El director japon�s revolucion� la industria del cine japon�s y del dibujo animado a nivel mundial. Sus pel�culas cuentan historias de fantas�a, humanidad, humor y ternura, pero tambi�n melancol�a y dramatismo.Hayao Miyazaki tiene 85 a�os, naci� en Bunky�, Tokio, el 5 de enero de 1941, y ha decidido que deja de viajar a casi todos los sitios. Se anuncian tiempos dif�ciles para el Studio Ghibli que fund� en 1985 con Isao Takahata.El estudio fue galardonado este a�o con el Premio Princesa de Asturias de Comunicaci�n y Humanidades y, su fundador, es algo m�s que un creativo director de cine de animaci�n, porque su amplia mentalidad le ha llevado a producir sus pel�culas y, con conceptos empresariales, a la fundaci�n de ese Studio Ghibli que constituye un hito innegable en la fuerte industria audiovisual japonesa.El cine de animaci�n es, en buena parte, producto de Walt Disney, un referente inexcusable para Miyazaki porque no s�lo abri� las puertas al cine de dibujos animados transform�ndolo en algo fundamental dentro del cine cl�sico de Hollywood, sino que sus pel�culas eran producto de un gran trabajo creativo de mucha gente con talento que lo hac�an en el entorno de un estudio que en nada se diferenciaba de Metro, Warner, Paramount o Columbia. Miyazaki hizo otro tanto con el cine japon�s convirti�ndolo en algo propio y con proyecci�n internacional. Sus dos Oscar, por El Viaje de Chihiro (2001) y El chico y la garza (2024), y otro por su trayectoria profesional en 2014 resumen el �xito de su propuesta.Hijo de una familia adinerada Miyazaki creci� en medio de los horrores de la Segunda Guerra Mundial, que recuerda vivamente pese a su corta edad y que ha dejado huella en el profundo humanismo con perspectivas desgarradoras que impregna buena parte de su filmograf�a. Como tantos otros artistas una obsesi�n conforma su vida. Miyazaki creci� deseando convertirse en un ilustrador, aunque se gradu� en ciencias econ�micas, algo que resurgir�a cuando emprendi� la idea de una casa de producci�n propia.Lo que quer�a es ser un dibujante de anime y manga, pero tambi�n ten�a claro que, pese a su admiraci�n por gente como Osamu Tezuka, quer�a crear algo propio, lo que le llev� a destruir mucho de lo que en esos primeros a�os dibuj� por estar demasiado pr�ximo a su admirado Tezuka. Esa autonegaci�n a ser brillante, pero uno m�s en la estela de otros, germinar�a poco a poco. El siguiente paso era explorar el cine de animaci�n.Lo que s� ten�a claro es que deb�a aprender el oficio desde dentro lo que hizo en el estudio Toei como intercalador -encargado de dibujos entre movimientos-. Otro hito en la vida de Miyazaki es su amistad con Isao Takahata, algo m�s que un colega y con el que fundar�a el Studio Ghibli en 1985, y con el que colabor� en producciones como Heidi o Marco, que marcaron la expansi�n en influencia indiscutible en todo el mundo del dibujo animado japon�s.A Miyazaki, en su formaci�n, le cost� dominar la figura humana y esa exigencia de precisi�n, claridad pero tambi�n inspiraci�n, se respira en todo su trabajo. Sus personajes son reales, no obedecen a una convenci�n, tanto en el dibujo como en sus acciones. Ese fondo de literatura, esa pulsi�n por la narraci�n cl�sica, la idea de que lo que cuentas es una historia llena de seres humanos aunque los conviertas en ficci�n hace que siendo por completo diferentes, aproxime a Miyazaki, en genio y resultados, al Herg� de Tint�n y al Hugo Pratt de Corto Malt�s.Todos sus �lbumes de manga iniciales como su pel�culas posteriores rezuman fantas�a, sorpresa, frescura, humanidad, humor y ternura, sin olvidar sesgos de melancol�a o dramatismo que quiz�s tengan que ver con el atavismo de la guerra percibida por la inocencia golpeada de un ni�o, como por el impacto de su madre enferma en cama durante a�os y fallecida prematuramente.Nunca ha sido un artista encapsulado en su torre de marfil. En su obra, hay una influencia de las teor�as de izquierda marxista, aunque haya rechazado con contundencia el sistema sovi�tico, pero ha sido activo en manifestaciones pol�ticas como la Guerra de Irak, que le llev� a no asistir en 2003 a la gala de los Oscar, as� como a enfrentarse a las pol�ticas del primer ministro Shinzo Abe.Miyazaki huye de estructurar cuidadosamente sus historias, prefiere que, poco a poco la narraci�n se desarrolle por si misma y que la creaci�n sea producto, no de la improvisaci�n, ni siquiera de la inspiraci�n sino de la necesidad de contar algo que va encontrando su propio camino, como la psicolog�a de los personajes lo har�n en y el lugar en los que la narraci�n surja.Studio Ghibli, surge de la necesidad de dominar todas las fases t�cnicas, cada vez m�s complejas de la producci�n del cine de animaci�n. El cine, por mucho que nos empe�emos en designar autores a guionistas y directores, es un trabajo de interacci�n de oficios en perspectivas muy colectivas y a eso, como en los viejos talleres de pintura de la edad cl�sica, es por lo que nace ese estudio. Miyazaki insiste en la necesidad del dibujo, de la vieja t�cnica de dibujar cuadro a cuadro, lo que se hace muy evidente en sus primeras producciones, aunque los avances del dise�o por ordenador vayan ganando su sitio cada vez con m�s fuerza y presencia. Recientemente se ha expresado con claridad y dureza contra el imperio de la inteligencia artificial porque es incapaz de captar la inteligencia y emociones humanas, algo que repugna a su profundo humanismo.'La princesa Mononoke', obra que demuestra el talento de Miyazaki.Cuando se disfruta de sus pel�culas, desde Nausica� del Valle del Viento, el debut en Studios Ghibli, hastaLa princesa Mononoke, la pel�cula que le supuso el pleno reconocimiento internacional, la conmovedora Mi vecino Totoro, esa obra maestra que es Porco Rosso, la fantas�a desbordante de El castillo ambulante o El chico y la garza, posiblemente su testamento de humanismo herido por tantas injusticias o El viento se levanta, su �ltima y devastadora pel�cula, se adentra el espectador en un universo m�gico, como el de Cr�nicas de Narnia de C. S. Lewis o los hobbits de Tolkien.Su genio e influencia ha sido reconocido por colegas como gigantes del cine de animaci�n como Disney y Pixar, John Lasseter, el genio tras Toy Story, que considera a Miyazaki, una fuente de continua inspiraci�n, y por cineastas como Wes Anderson, Guillermo del Toro, James Cameron, Peter Docter o Steven Spielberg.