0:000:00El audio de esta noticia está generado mediante Inteligencia ArtificialCristopher Nolan utiliza el ksar de Ait Ben Hadu como escenario de algunas tomas de La Odisea, versión tan entretenida como poco fiel al original homérico. La ciudadela fortificada, situada unos 100 km al sureste de Marrakech es uno de los más bellos enclaves del reino alauí. Un país lleno de imágenes evocadoras, como las de los desiertos que enmarcan Sirat, otra controvertida película, que tiene la virtud de haber dividido a nuestro país en dos mitades, detractores y entusiastas a partes iguales. Pero no es de cine de lo que quiero hablar, ni siquiera de los tesoros que encierra nuestro maravilloso país vecino, sino de las difíciles relaciones que mantenemos con él.La reciente crisis migratoria ha mostrado con toda su crudeza las debilidades que tenemos en el flanco sur. España es posiblemente el país europeo más estable en cuanto a su delimitación geográfica, que no ha cambiado desde la paz de los Pirineos en 1659. Pero nuestra frontera sur es porosa y compleja. Aunque Ceuta y Melilla fueron tomadas por Portugal y España, respectivamente, en el siglo XV, geográficamente son parte de África. Y, de la misma forma que Gibraltar es un grano en el zapato del nacionalismo español, Marruecos no ha dejado nunca de albergar pretensiones sobre ellas. Por eso no desaprovecha las oportunidades para mostrar nuestras debilidades. Debilidades que, por mucho que la derecha las atribuya a la política exterior del Gobierno socialista, vienen ya de lejos. ABDEL MAJID BZIOUAT / AFPEn 1975, con Franco agonizante, Hassan II utilizó una marea humana a la que se calificó como la Marcha Verde para obligar a nuestro ejército a una retirada humillante del Sáhara que marcó el inicio del reinado de Juan Carlos I. Pese a ello, nuestros reyes han cultivado cuidadosamente las relaciones con sus colegas del sur, a los que siempre han tratado como si fueran hermanos.Pero si algo ha caracterizado nuestra política diplomática con Marruecos es la falta de firmeza, que tiene un carácter estructural en todas las relaciones de las democracias con los regímenes autocráticos, pues las primeras se deben a la opinión pública y deben responder de sus actos, mientras que los segundos son intrínsicamente irresponsables. Pero además de la indicada debilidad estructural, nuestra relación con el vecino del sur ha sido en general claudicante.España utiliza al país alauí de muro de contención migratoria a cambio de una política claudicanteLo ha sido en el proceso de descolonización del Sáhara Occidental, en el que la poca dignidad que nos quedaba la perdimos cuando en 2022 nos adherimos al plan de autonomía propugnando por Marruecos, sin contar con el pueblo saharaui ni con Argelia. Sucedió tras uno de los episodios más lamentables de la política exterior española, que le costó la cabeza a la ministra González Laya, a la que sucedió Albares para apagar los fuegos encendidos. Y cada vez que el reino alauí utiliza a sus ciudadanos para asaltar la única frontera que la Unión Europea tiene en África se repite la claudicación.Marruecos utiliza en provecho propio su posición de baluarte de contención migratoria, siendo como es la inmigración el tema que más polariza a nuestras sociedades. Frente al modelo propugnado por Meloni, consistente en crear campos de refugiados en terceros países al objeto de enviar allí a los inmigrantes que intenten entrar sin permiso, España asienta el suyo en un control en origen, delegando su gestión en quien al tiempo es su mejor aliado y su más peligroso enemigo.Una postura, si la miramos bien, tan cínica como la auspiciada por Meloni, pues España no ejerce ninguna presión sobre Marruecos para que efectúe sus funciones de guardián respetando los derechos humanos. Y la crisis reciente nos muestra que el estado policial marroquí no tiene reparos en permitir que sus propios ciudadanos se lancen a una aventura mortal para dar señales de alerta a su vecino. El Gobierno español tiene razón en acusar de oportunismo a otros líderes por aprovechar la crisis de Ceuta a fin de afianzar sus posturas en materia de inmigración, pero difícilmente puede dar lecciones cuando delega lo que no le gusta hacer en un régimen oscuro y autoritario, sin desplegar el celo necesario para evitar que lo utilice como arma de presión. Y cuando, además, se ha visto obligado a regularizar más de un millón de inmigrantes por las deficiencias de sus sistemas de control.
Marruecos, nuestro temido aliado, por Miguel Trias
Cristopher Nolan utiliza el ksar de Ait Ben Hadu como escenario de algunas tomas de La Odisea, versión tan entretenida como poco fiel al original homérico. La ciudadela fortificada, situada unos 100 km al sureste de Marrakech es uno de los más bellos enclaves del reino alauí. Un...







