Gabriel Attal sufre parkinson. Édouard Philippe padece demencia. Raphaël Glucksmann se beneficia de informaciones sesgadas publicadas por su compañera periodista. Estas tres informaciones, todas ellas falsas, afectan a tres candidatos en las elecciones presidenciales francesas de la próxima primavera, y han sido divulgadas durante los últimos días en redes sociales. Según los tres afectados, formarían parte de una campaña de intoxicación y desestabilización del Kremlin.Los comicios presidenciales del 2027 serán un test determinante sobre el futuro de la extrema derecha, tanto a escala nacional francesa como europea. En la decisiva segunda vuelta de las dos presidenciales anteriores, Emmanuel Macron logró imponerse a la extremista Marine Le Pen; en el 2017, con un 66,1% del voto, frente al 33,9% de su rival. En el 2022, por un margen notablemente inferior, consiguiendo Macron el 58,5% de los sufragios y Le Pen, el 41,4%.La primera diferencia de esas dos presidenciales con las del año próximo, que se celebrarán en primera vuelta el 18 de abril y en segunda el 2 de mayo, es que Le Pen seguirá siendo candidata. Entretanto, Macron no podrá concurrir, por haber ganado ya dos elecciones y, por tanto, según la reforma constitucional del 2008 –que él ha calificado de “funesta tontería”–, estará incapacitado para aspirar a un tercer mandato en el Elíseo.Este hecho obliga a las fuerzas del establishment que tratan de oponerse a los avances de la extrema derecha a ir perfilando sus candidatos. Y no parece casual que tres de los más destacados –el ex primer ministro macronista Attal (Renaissance), el ex primer ministro centroderechista Philippe (Horizons) y el eurodiputado socialdemócrata Glucksmann (Place publique)– hayan sido ahora objeto de ataques en redes sociales como Tik Tok o X. El propietario de esta última, Elon Musk, no oculta su apoyo a Le Pen.Tres candidatos a las presidenciales denuncian mensajes de las redes que minan su posiciónHace ya bastantes años que Rusia usa las redes para atacar a candidatos menos próximos a sus intereses que, pongamos por caso, Marine Le Pen. Las injerencias de este tipo no son una novedad en Francia, como tampoco lo son en Estados Unidos o en otros países occidentales. Para neutralizarlos, Francia puso en marcha años atrás Viginum, un escudo digital dependiente de la Secretaría General de la Defensa y la Seguridad Nacional.En el último informe publicado por Viginum, tras las elecciones municipales del 15 y el 22 de marzo del 2026, se documentaron cuatro operaciones de injerencia digital procedentes de Rusia, también sus métodos y un plantel de agentes extranjeros que participaron en ellas. Es ya sabido que en años anteriores se detectaron operaciones del mismo estilo, en el marco de un operativo conocido como Matrioshka. Y que, según pasa el tiempo, la ambición y el descaro de estas injerencias se incrementa. Ya no se contentan con difundir bulos. Lo hacen además escudándose en cabeceras de prensa, radio o televisión prestigiosas, cuyos logotipos piratean con el propósito de dar credibilidad a sus mentiras.Pese a que estamos hablando de informes públicos, al alcance del conjunto de la población, su efectividad topa con ciertos límites. Por ejemplo, los de amplias capas de la población que basan su información en los contenidos de las redes, asumidos sin espíritu crítico alguno, en detrimento de la oferta de medios de larga trayectoria, más veraces y comprometidos con los principios éticos periodísticos, que saben además que no pueden permitirse flaquezas en su rigor si aspiran a conservar la audiencia.Por otra parte, estas operaciones cuentan con el beneplácito e incluso el aplauso de dirigentes como el presidente norteamericano Donald Trump, que resulta ser, él mismo, un emisor contumaz de mensajes falsos, en su defensa de un sistema iliberal que trata de escapar de continuo a los controles propios de una democracia digna de ese nombre.Le Pen sería la gran beneficiaria de las campañas de intoxicación y desestabilizaciónLos ataques digitales contra el fair play democrático se suceden. Su capítulo ante las presidenciales francesas de dentro de ocho meses no ha hecho sino empezar. Conviene revisar con escepticismo los contenidos de las redes que pueden obedecer a intereses ajenos, y comprobar la verosimilitud de cada mensaje. Lo más llamativo no siempre es lo más cierto.Se dirá que estos esfuerzos eran innecesarios en otras épocas. Cierto. Pero los tiempos cambian. Y los que nos toca vivir ahora exigen mucha atención ante el vocerío de las redes, si no queremos que nos engañen y nos condicionen el voto.
Injerencias rusas en la precampaña francesa, por Editorial
Gabriel Attal sufre parkinson. Édouard Philippe padece demencia. Raphaël Glucksmann se beneficia de informaciones sesgadas publicadas por su compañera periodista. Estas tres informaciones, todas ellas falsas, afectan a tres candidatos en las elecciones presidenciales francesas...












