En Rusia están floreciendo en plena guerra las organizaciones machistas, antiabortistas y xenófobas, mientras las fuerzas de seguridad persiguen iniciativas civiles no alineadas con los valores conservadores promovidos por el Kremlin.
La guerra iniciada en Ucrania reforzó el nacionalismo ruso y los valores que Moscú ha inculcado a la bandera nacional, como la moral tradicional, la religión y la familia, entre otras ideas que tratan de distinguirla del Occidente liberal.
Ello ha llevado a que muchos ciudadanos rusos llevaran estas ideas demasiado lejos y ahora enarbolen discursos de odio contra determinados colectivos o exijan retrocesos de derechos conquistados hace ya un siglo.
En algunas ocasiones incluso se plantan en desacuerdo con el actual rumbo político del país, pues consideran que las medidas tomadas son demasiado liberales.
Con todo, estas organizaciones no llaman la atención de las fuerzas policiales rusas, que a menudo incluso colaboran con ellas.








