Sanae Takaichi levant� las manos, junt� las palmas y lanz� un imaginario Kamehameha delante de las c�maras. Frente a ella, el presidente franc�s Emmanuel Macron respondi� con una sonrisa c�mplice. El gesto, realizado delante de las c�maras el pasado abril en Tokio, bast� para eclipsar las conversaciones sobre Oriente Pr�ximo, Ucrania y la seguridad del Indo-Pac�fico.Jap�n, un pa�s donde la diplomacia siempre ha estado asociada a la contenci�n, la solemnidad y el r�gido protocolo, acababa de regalar al mundo una imagen impropia de una cumbre entre dos grandes potencias. Los medios japoneses no tardaron en bautizar aquel episodio como la "diplomacia Dragon Ball".Aquella escena no fue fruto de la improvisaci�n. Macron hab�a confesado su pasi�n por el manga de Akira Toriyama, y Takaichi conoc�a perfectamente el efecto que tendr�a aquel gui�o. En un pa�s donde el concepto de omotenashi -la hospitalidad japonesa entendida como un arte de anticiparse a los deseos del invitado- forma parte de la identidad nacional, la primera ministra ha decidido reinterpretar esa tradici�n y trasladarla al terreno de la alta pol�tica internacional.En lugar de limitarse a los banquetes oficiales, los discursos medidos y los apretones de manos, apuesta por sorprender a sus interlocutores con gestos personales, referencias culturales y bromas.Takaichi, la primera mujer en ocupar la jefatura del Gobierno japon�s, ha convertido su manera de relacionarse con otros l�deres en una de las se�as de identidad de su mandato. All� donde sus predecesores aparec�an casi hier�ticos, ella sonr�e, toca, abraza, canta y convierte las cumbres en escenarios donde busca establecer una conexi�n emocional antes incluso de entrar en el contenido de las negociaciones.El episodio con Macron es un ejemplo m�s de una larga colecci�n de escenas llamativas. En enero sorprendi� a la primera ministra italiana Giorgia Meloni cant�ndole el "Cumplea�os feliz" en italiano y entreg�ndole una caja de productos de Sanrio destinada a su hija. Al primer ministro de Singapur, Lawrence Wong, aficionado a la guitarra, le interpret� un fragmento de Layla, de Eric Clapton, mientras le hac�a entrega de un regalo. El canadiense Mark Carney recibi� un palo de hockey por su pasado como jugador universitario. El brit�nico Keir Starmer encontr� entre los obsequios oficiales varios art�culos pensados para sus gatos.Takaichi, en su visita a India del pasado julio.Manish SwarupApTakaichi, que tocaba la bater�a en un grupo cuando era joven, organiz� una improvisada sesi�n musical junto al presidente surcoreano Lee Jae-myung, interpretando el �xito Dynamite del grupo BTS y otras canciones populares del K-pop. La imagen contrastaba con d�cadas de relaciones marcadas por las heridas abiertas de la ocupaci�n japonesa de la Pen�nsula coreana. En lugar de discursos solemnes sobre reconciliaci�n hist�rica, la fotograf�a que dio la vuelta al mundo mostraba a dos dirigentes compartiendo un momento distendido al ritmo de una canci�n.Regalos y bromasLa estrategia responde a una l�gica sencilla: si la pol�tica internacional se construye tambi�n sobre relaciones personales, crear complicidad puede facilitar despu�s las conversaciones dif�ciles. Los regalos, las referencias culturales o las bromas privadas buscan romper el hielo antes de abordar asuntos mucho menos amables como la presi�n militar de China sobre Taiwan o las tensiones comerciales con Estados Unidos.Pero esa misma espontaneidad que muchos gobiernos extranjeros reciben con simpat�a tambi�n provoca un profundo rechazo en muchos sectores dentro de Jap�n. En los medios locales abundan columnas y editoriales que consideran que la primera ministra ha cruzado una l�nea delicada entre la cercan�a y la teatralidad.En un pa�s donde los dirigentes rara vez exteriorizan sus emociones en p�blico, verla cantar canciones populares o dirigirse a otros l�deres por su nombre de pila produce una sensaci�n que muchos japoneses describen con una palabra muy utilizada en las redes sociales: hazukashii (verg�enza).Para algunos analistas japoneses, Takaichi est� modernizando la imagen de un Jap�n excesivamente r�gido y proyectando el soft power mediante referencias al manga, la m�sica o la cultura popular. Para otros, en cambio, la primera ministra est� confundiendo la diplomacia con una permanente b�squeda de simpat�a personal, convirtiendo reuniones estrat�gicas en una sucesi�n de gestos dise�ados para producir titulares y fotograf�as virales m�s que para reforzar la autoridad institucional del pa�s.La escena que m�s cr�ticas desat� fue durante su visita en marzo a la Casa Blanca. Cuando vio al presidente estadounidense Donald Trump esper�ndola a la entrada, Takaichi aceler� el paso y, en lugar del tradicional apret�n de manos, se lanz� a abrazarlo.Durante el encuentro volvi� a dirigirse a �l una y otra vez como "Donald" y remat� la reuni�n con una frase que reson� inmediatamente en la prensa japonesa: "Creo firmemente que solo t� puedes traer la paz y la prosperidad al mundo". Sus cr�ticos interpretaron esta declaraci�n como una exhibici�n innecesaria de subordinaci�n hacia el principal aliado del pa�s.En una entrevista al diario japon�s Asahi, la profesora Ki-young Shin, especialista en pol�tica y g�nero de la Universidad de Ochanomizu, interpreta esta actitud de Takaichi como un reflejo de d�cadas de supervivencia pol�tica dentro del conservador Partido Liberal Democr�tico, dominado casi exclusivamente por hombres. "La dirigente habr�a aprendido que la cercan�a, los elogios y la simpat�a pod�an convertirse en instrumentos eficaces para abrirse camino en una estructura profundamente masculina. El problema aparece cuando esas t�cticas, �tiles en la pol�tica interna, se trasladan a la representaci�n internacional del Estado", explicaba la experta.El viaje de Takaichi a principios de julio a India volvi� a demostrar que no piensa modificar el rumbo. Durante la cumbre celebrada en Nueva Delhi, el primer ministro indio Narendra Modi la present� afectuosamente como su "hermana menor", una expresi�n cargada de simbolismo dentro de la cultura pol�tica india. La reuni�n sirvi� para reforzar la cooperaci�n en inteligencia artificial, energ�as limpias, seguridad econ�mica y defensa frente al creciente peso de China en el Indo-Pac�fico. Pero, una vez m�s, el contenido estrat�gico qued� parcialmente eclipsado por la dimensi�n personal de la relaci�n entre ambos dirigentes.Una imagen mejor que mil comunicadosQuiz� ah� resida la gran inc�gnita de la llamada "diplomacia Dragon Ball". En un mundo donde los l�deres pol�ticos compiten tambi�n por dominar las redes sociales y convertir cada cumbre en un acontecimiento viral, Takaichi ha entendido que una imagen puede recorrer el planeta mucho m�s r�pido que un comunicado conjunto de decenas de p�ginas.Este mes de julio, Takaichi volvi� a copar titulares, aunque por un motivo muy distinto. La primera ministra revel� en un mensaje en redes sociales que, desde que lleg� al poder, apenas duerme entre cero y tres horas diarias y celebr� haber conseguido descansar "cinco horas seguidas por primera vez en mucho tiempo".Explic� que las noches se le escapan entre la lectura de documentos oficiales, la preparaci�n de las sesiones parlamentarias y las tareas dom�sticas que asegura seguir realizando personalmente, desde poner la lavadora hasta planchar pa�uelos.Lo que pretend�a ser una confesi�n desenfadada sobre las exigencias del cargo acab� provocando una ola de preocupaci�n en Jap�n y reabri� el debate sobre la cultura del exceso de trabajo en la pol�tica y los riesgos que supone para quien ocupa la jefatura del Gobierno.
La "diplomacia Dragon Ball" de Takaichi: la aduladora primera ministra japonesa que conquista a los l�deres a golpe de manga, abrazos y canciones
Sanae Takaichi levant� las manos, junt� las palmas y lanz� un imaginario Kamehameha delante de las c�maras. Frente a ella, el presidente franc�s Emmanuel Macron respondi� con...






