Por Esneyder Negrete |
Valle del Guamuez (Colombia) (EFE).- Wilson Uraparí pasó seis años sin hablar con su madre y Adrián Zambrano dice que no volverá a empuñar un fusil, pero ambos esperan, junto a otros 97 exguerrilleros de Comandos de la Frontera, que el presidente electo de Colombia, Abelardo de la Espriella, mantenga el proceso de paz que los llevó a dejar las armas.
Wilson y Adrián estuvieron en las filas de Comandos de la Frontera, un grupo armado ilegal que hacía parte de la Coordinadora Nacional Ejército Bolivariano (CNEB), disidencia de las antiguas FARC, que mantiene influencia en los departamentos de Putumayo y Nariño, en la frontera entre Colombia y Ecuador.
«La verdad, queremos que haya una paz total, no solamente aquí, sino en todo el Putumayo», dice a EFE Wilson, de 25 años, quien ingresó al grupo armado cuando tenía 19 y asegura que nunca imaginó que el cambio más importante de su vida llegaría después de dejar las armas.
Fotografía de archivo del armamento que entregó un grupo guerrillero en Colombia. EFE/ Miguel Menéndez V.











