En las densas y húmedas selvas del Neotrópico habita un pequeño anfibio, perteneciente a la familia Dendrobatidae, que se aleja de la imagen del cazador feroz dotado de garras afiladas o mandíbulas potentes. Conocida popularmente como rana punta de flecha, su existencia denota cómo la evolución privilegia estrategias de supervivencia asombrosas. Estos animales son diminutos, midiendo generalmente entre uno y seis centímetros, lo que los hace parecer vulnerables ante el entorno selvático. Sin embargo, su presencia no pasa desapercibida para nadie que se adentre en los bosques tropicales de Centroamérica y el norte de Sudamérica.

Su belleza exterior oculta un secreto biológico que las convierte en uno de los seres más respetados de todo el reino animal. A simple vista, este anfibio parece estar en una desventaja total frente a sus depredadores naturales debido a su constitución física particular. La rana punta de flecha es notablemente lenta y se desplaza de una forma que muchos expertos calificarían de torpe en comparación. Carece por completo de dientes para morder o de uñas para arañar, herramientas que son básicas en la defensa de otros seres vivos. Su cuerpo, que apenas alcanza los diez gramos de peso en las especies más grandes, no está diseñado para el combate cuerpo a cuerpo. En lugar de huir velozmente o luchar, confía su suerte a una armadura química invisible que recubre cada milímetro de su delicada piel.