Los sentimientos que se mantienen, el amor constante y firme, incluso en medio de una separación, un estado emocional que difícilmente se puede contar con palabras, impreciso y sutil, es lo que retrata el cineasta islandés Pálmason en su nueva película, El amor que permanece, una obra muy personal, ligera y rebosante de grandeza y belleza visual, melancólica y divertida, con la que vuelve a confiar en el poder de la naturaleza y el arte para comprender y vivir más felizmente nuestros afectos.PublicidadEstrenada en el Festival de Cannes (Cannes Première) y presente en el Festival de San Sebastián, la película, cuarto largometraje del director, es una aventura por el territorio familiar que arranca con el desmantelamiento del techo de un taller, en realidad, el propio lugar de trabajo de Pálmason en su faceta de artista plástico. A partir de ahí, desde esa representación de un clan que se desarma, se avanza en el relato de la vida de una pareja en proceso de separación y de su vida con sus hijos."Creo que la familia es el núcleo, las cosas que hago tienen en el centro a la familia o la falta de familia", dice el cineasta, que, de nuevo, se ha tomado el tiempo necesario para construir esta película. Si su anterior, y fantástica, Godland, fue un trabajo de casi diez años, El amor que permanece ha seguido también el ritmo emocional de su autor. Nació cuando rodaba a sus hijos construyendo una casa en un árbol para el cortometraje Nest (2022). Fueron dos años sentado en un cobertizo, leyendo y esperando que alguno de los animales que viven con ellos en el campo pasara ante la cámara, que cambiara la luz y el clima... Días en los que pensó mucho en qué estaban haciendo los padres mientras los niños jugaban. "Y ahí nació el proyecto". Ver vídeo Trailer de 'El amor que permanece', de Hlynur Pálmason.Still VividDesde la realidadUn trabajo en el que todo surge de la realidad. Rodada en su propia casa, en el pueblo donde él mismo nació en la costa sudeste de Islandia, con sus propios hijos y con sus propias obras de arte, la película es, en palabras de Pálmason "mi película más personal, pero no es privada ni íntima. Nosotros no nos estamos divorciando, la narrativa es ficción. Los lugares son lugares muy cercanos a mí y, por lo tanto, es personal".Publicidad"Utilizo lo que tengo a mano. Si tienes un perro, un perro, si las gallinas, las gallinas. De otra forma yo no podría hacer películas porque no puedo crear de la nada", añade y confiesa que, incluso, para el papel de la mujer, Anna, que en esta historia es una artista, buscó a una escultora o pintora real que pudiera actuar, pero no la encontró. Así que, finalmente, trabajó con una actriz, Saga Garðarsdóttir. Sí utilizó, sin embargo, el proceso de creación de las obras que aparecen en pantalla, creadas por él mismo y grabadas a lo largo del tiempo."También es una película muy estacional, va con las estaciones". La acción se desarrolla a lo largo de un año en el que se aprecia la transformación impresionante del paisaje islandés, se sienten el frío y el calor, se escucha a la naturaleza, el rugido del viento y del mar… "Echábamos de menos el glaciar y esa fue una de las razones por la que nos mudamos de nuevo allí. Es una zona que cambia mucho con las estaciones. Tenemos montes muy verdes, playas negras, oscuras, glaciares, muchos paisajes en uno".PublicidadMarchantes de arte y masculinidadEl amor que permanece es el resultado de una labor de paciencia y de tiempo, de reciclaje de grabaciones personales, de un guion escrito y ensayado, en algunas de sus escenas, en la cocina de su casa y de un posterior rodaje con los actores. En ello se parece a su anterior Godland, un trabajo exigente, riguroso y espectacular, del que, sin embargo, Hlynur Pálmason quiso apartarse para rodar algo más ligero. "Nunca quieres repetirte, pero cuando llevas trabajando desde hace un tiempo con un proyecto, quieres hacer algo diferente, y después de Godland, me di cuenta de que quería hacer algo un poco más ligero, no quería tomarme las cosas de manera demasiado en serio, pero es verdad que cuando vuelvo a ver aquella película veo similitudes con esta"."No es fácil hacer una película sobre esto, sobre ese amor que permanece en las familias. Cuando supe que quería hacer esta película, también sabía lo que no quería. No quería hacer nada sobre una pareja que se pasa meses discutiendo, simplemente quería retratar esa fase de la separación, que he visto varias veces, y explorarla de otra manera".Y en esa exploración, Pálmason se adentra también en el universo de los artistas y de los marchantes de arte, y ahí es donde surge de manera más natural la comedia, un humor un tanto amargo que denuncia la vida de espaldas a la naturaleza y los artificios y engaños de la industria cultural. Sonrisas y risas que también están en el retrato de una masculinidad rancia y vulgar, y que sirve de contrapunto a la verdadera intención de la película, "ver la belleza de la vida. Existen en la vida la belleza y la brutalidad y la violencia. He intentado retratar eso, la brutalidad, la belleza, el frío, el calor. Pero no sientes el calor si no tienes frío. La representación del calor, del frío, de… no funciona sin lo opuesto".
El cineasta Hlynur Pálmason retrata el amor que sobrevive al final de una pareja
La nueva película del cineasta islandés retrata los sentimientos y vínculos que se mantienen incluso en un proceso de separación en su nueva película, estrenada en Cannes y presente en San Sebastiá...









