Hay películas que hablan del amor y otras que utilizan el amor para hablar de algo mucho más profundo. Nada entre los dos, el nuevo largometraje de Juan Taratuto, pertenece a esa segunda categoría. Durante un viaje laboral, dos desconocidos —interpretados por Natalia Oreiro y Gael García Bernal— descubren una conexión que pone en crisis no sólo sus matrimonios, sino también la imagen que tenían de sí mismos. Lejos de la comedia romántica tradicional, la película se concentra en ese instante en el que una persona deja de reconocerse en la vida que construyó y comienza a preguntarse qué desea realmente. Mientras el director vuelve a explorar los pequeños acontecimientos cotidianos capaces de alterar una existencia, Oreiro construye uno de los personajes más contenidos de su carrera. Ambos conversan con PERFIL sobre la complejidad del deseo, los silencios, la incertidumbre y la necesidad de contar historias que comprendan a sus personajes antes que juzgarlos. —La película parece partir de una pregunta incómoda: ¿qué ocurre cuando una persona descubre que la vida que construyó ya no alcanza para responder quién es? ¿Ese fue el conflicto que más te interesó de Mechi? —NATALIA OREIRO: Creo que la vida consiste justamente en descubrir quién es uno. Ojalá cuando lleguemos al final podamos decir que finalmente nos encontramos. Mechi atraviesa una situación que la obliga a hacerse preguntas que quizás había dejado de lado. Tiene una familia, un trabajo, una vida armada, pero el encuentro con Guillermo la enfrenta a otra posibilidad y, sobre todo, a mirarse a ella misma. No creo que esos tres días sean solamente el descubrimiento de otra persona. En realidad son un camino para conocerse ella. Se pregunta si la vida que eligió hace veinte años sigue siendo la vida que quiere para el futuro.
“La vida te obliga a preguntarte quién sos”
Natalia Oreiro y el director Juan Taratuto presentan la llegada a HBO MAX del drama romántico que protagoniza junto a Gael García Bernal. La película evita juzgar a sus personajes y explora cómo el deseo, la rutina y los encuentros inesperados pueden modificar la identidad cuando la vida parece ya resuelta.









