EntrevistaCreemos que los dem�s est�n m�s pendientes de nosotros de lo que realmente est�n. Si te asalta la duda de haber metido la pata o te preocupa qu� pensar�n de ti, esta especialista en trauma explica c�mo soltar el control, desactivar la culpa y vivir con tus propias reglas.Actualizado Jueves,
agosto
00:01Meg Josephson, psicoterapeuta. Tiene un m�ster en Trabajo Social por la Universidad de Columbia y es profesora certificada de meditaci�n por el Nalanda Institute.David Goddard
Nos han ense�ado a medir nuestro valor a trav�s de la mirada del otro y a complacer a un entorno que premia la perfecci�n f�sica y la docilidad. El �ltimo ejemplo salta a la vista en la conversaci�n digital: la reflexi�n de Georgina Rodr�guez compartiendo una foto de su cuerpo, entre el escrutinio desmedido y la necesidad de justificarse ante los dem�s. Pero no es un hecho aislado. Seg�n la psicoterapeuta estadounidense Meg Josephson, referencia en redes sociales en el �mbito de la salud mental y las relaciones, la inmensa mayor�a de las mujeres lo experimenta en su d�a a d�a.
En �Te pasa algo conmigo? (Ed. Diana) explica esa necesidad de gustar a los dem�s. Un mecanismo de defensa aprendido que desgasta nuestra propia identidad y que se manifiesta en forma de estr�s y culpa. Hablamos con la experta sobre el origen de este patr�n, la adicci�n biol�gica al cortisol que genera la complacencia y la verdadera liberaci�n que supone aprender a poner l�mites. Esp�iler: no es nada malo.�Por qu� nos importa tanto, especialmente a las mujeres, lo que piensen de nosotras?Para muchas personas, buscar la aprobaci�n ajena es un mecanismo de defensa aprendido en la infancia. Si crecimos en un entorno vol�til o de conflicto, aprendimos a buscar ser buenas o perfectas para sentirnos seguras. Pero tambi�n responde a la socializaci�n, especialmente en las mujeres, a quienes se premia desde ni�as por ser d�ciles y agradables. De las cuatro respuestas frente a una amenaza [lucha, huida, par�lisis y complacencia], complacer es la �nica socialmente recompensada. Reaccionar de otro modo suele castigarse, por ejemplo, en el entorno laboral. En definitiva, es un fen�meno con muchas capas, pero la seguridad y la educaci�n son el origen.�Por qu� nos cuesta tanto diferenciar la complacencia ejecutada desde el miedo a no gustar con ser amables?Cuando actuamos para protegernos, nuestra �nica prioridad es gustar al otro, aunque eso implique una desconexi�n total entre lo que sentimos y lo que hacemos. Podemos decir "no pasa nada", pero por dentro nos llena el resentimiento. Es fundamental diferenciar la verdadera amabilidad de la que nace del instinto de supervivencia. La aut�ntica amabilidad surge cuando nuestras acciones est�n alineadas con nuestros sentimientos y nos comunicamos con honestidad. Cuando nos quedamos atrapadas en la respuesta de amenaza, nos abandonamos para complacer. Puede parecer amabilidad, pero en realidad nos estamos traicionando a nosotras mismas y tambi�n a la otra persona.�De qu� manera podemos desaprender que nuestro valor depende de cu�nto nos sacrificamos por el resto?El primer paso y el m�s importante es llevar este patr�n inconsciente a la consciencia: darnos cuenta de cu�ndo lo hacemos. Para lograrlo, hay que hacer una pausa y bajar el ritmo antes de reaccionar. Por ejemplo, si ante un mensaje parco en WhatsApp nos entra la duda de si la otra persona est� enfadada con nosotras, en lugar de buscar su reafirmaci�n inmediata, conviene dejar el tel�fono y preguntarnos qu� ha desencadenado esta emoci�n y qu� nos est� pasando. Se trata de aprender a calmarnos a nosotras mismas en lugar de reaccionar en piloto autom�tico.El 80% de las personas con enfermedades autoinmunes son mujeres y existe una conexi�n directa con el estr�s, escribes en el libro. �El h�bito de agradar nos est� enfermando tambi�n f�sicamente?Autosilenciarnos, sobre todo al reprimir la rabia o el enfado, es un fen�meno estudiado que afecta especialmente a las mujeres. Cuando no procesamos las emociones, estas no desaparecen: se quedan suprimidas, se almacenan en el cuerpo y se manifiestan f�sicamente. Esta supresi�n puede derivar en tensi�n muscular, desequilibrios hormonales y s�ntomas psicosom�ticos. De hecho, en el libro explico c�mo mi rabia reprimida se manifestaba en forma de reflujo, tensi�n y dolores de cabeza. Tard� en comprender que no eran simples problemas de salud aislados, sino la forma en que el cuerpo intentaba comunicarse conmigo.�C�mo es posible que nuestro cerebro llegue a buscar situaciones estresantes, o incluso relaciones t�xicas, como forma de recompensarnos?Si el estr�s nos ha acompa�ado desde la infancia o la juventud, nuestro cuerpo termina interpret�ndolo como algo seguro simplemente porque le resulta familiar. De forma inconsciente, buscamos relaciones, trabajos o amistades estresantes porque el ser humano prioriza la seguridad de lo conocido: sentimos que sabemos c�mo movernos y controlar esos entornos. A esto se le suma un factor biol�gico: las hormonas del estr�s generan adicci�n. Por eso tendemos a buscar situaciones que nos mantengan en ese estado, viviendo constantemente inundadas de cortisol e inflamadas, como si nos estuviera persiguiendo un le�n.�Es un enemigo el cortisol o resulta necesario?El cortisol puede ser �til en momentos puntuales de adrenalina, pero mantenido en el tiempo resulta da�ino. En esos casos, m�s que intentar convencernos con pensamientos para sentirnos bien de inmediato, lo recomendable es centrarnos del cuello para abajo, en el propio cuerpo.�Qu� herramientas sirven para autorregularnos y calmar la mente cuando pensamos "no llego a todo" y empezamos a dar vueltas a lo mismo?La herramienta m�s accesible y efectiva que tenemos es la respiraci�n, como inhalar en cuatro segundos y exhalar en seis para estimular el nervio vago y comunicar al cuerpo que est� a salvo. Otras opciones �tiles son mover el cuerpo o dar un paseo en silencio, sin m�vil ni m�sica. En definitiva, usar la respiraci�n nos permite calmarnos en cualquier momento de forma sencilla y gratuita.�C�mo se da cuenta alguien de que ha asumido un rol de mediadora constante?La pacificadora se centra en que haya armon�a en la sala, en que todo el mundo se lleve bien. �Cu�l es el precio de eso? Es agotador, porque es una persona que va a estar hipervigilante. Y esto se aplica a todos los arquetipos: te desconecta de lo que realmente sientes, porque est�s centrada en los dem�s, en sus necesidades y en lo que hacen, y tambi�n est�s a cargo de la felicidad de todo el mundo.�Y cu�l es el peligro de la persona perfeccionista, que estamos adoptando frecuentemente en la sociedad hiperproductiva actual?La perfeccionista puede ser una persona que siempre busca el logro profesional en su carrera. Pero hay una gran soledad ah�, porque esta persona solamente puede ense�ar a los dem�s una versi�n selecta y pulida de lo que es, y siente que nadie la conoce realmente porque solo est� mostrando esa versi�n seleccionada. Se puede sentir muy sola.Dices en el libro que el perfil del humorista se parece al perfeccionista, �por qu�?Trata de adular a trav�s del humor, intenta mantener la armon�a del entorno soltando chistes, siendo el gracioso o la graciosa. Est� actuando en todas sus relaciones. Se parece al perfeccionista porque tambi�n se siente solo, piensa que su valor reside en hacer felices a los dem�s y tiene que estar activado todo el tiempo.Otro de los arquetipos m�s comunes en mujeres es el de cuidadora. �Por qu� se caracteriza?Ya sea porque cuida de sus padres, de un hermano o hermana con una discapacidad, o por el motivo que sea, esta persona ha aprendido que su valor reside en ayudar y en abandonar sus propias necesidades. A menudo se siente atra�da por personas a las que tiene que cuidar, entre comillas, actuando como una madre o un padre, porque es lo que conoce. Y suele ser una persona resentida: nadie cuida de ella, pero tampoco lo permite. No se deja cuidar o ayudar.Los �ltimos perfiles que se�alas son animales, el camale�n y la loba. �C�mo act�an?El camale�n se adapta a todas sus relaciones dependiendo de qui�n est� delante, para encajar. Puede sentir que est� siendo falso, porque cambia su personalidad en funci�n de con qui�n est�. Todos lo hacemos hasta cierto punto, en funci�n del contexto, ya sea laboral o con amigos, pero esta persona siente que no tiene un yo aut�ntico, y esto, existencialmente, puede ser muy confuso. Y el �ltimo es la loba solitaria. Encuentra la seguridad en la soledad, silencia sus necesidades, b�sicamente desapareciendo. Anhela la conexi�n que desea, pero ha aprendido que es mejor no pedir ayuda y no volver a decepcionar. Hay hilos conductores y conexiones entre los distintos arquetipos.Resulta liberador no hacerte responsable de lo que los dem�s opinen de nosotros. �C�mo se sostiene esa idea de que la mente, todo el tiempo, est� pensando que todo es por tu culpa?Una de las premisas m�s liberadoras es entender que no somos responsables de lo que los dem�s piensen de nosotras. Ante esa voz interna que nos sugiere que todo el mundo est� enfadado con nosotras, la clave no es combatirla ni intentar que desaparezca, sino reconocerla. Esa voz busca protegernos y mantenernos seguras porque aprendi� que gustar a los dem�s era la forma de encontrar seguridad. La aut�ntica liberaci�n no proviene de silenciarla por completo, porque no va a ocurrir y a veces tampoco conviene, sino de aprender a calmarla y elegir c�mo reaccionamos ante ella.�Cu�l ser�a ese primer paso para dejar de centrarnos en lo que piensen?La consciencia. Darnos cuenta de que esa necesidad de aprobaci�n existe. Una t�cnica �til es imaginar que esa voz es una identidad distinta, un personaje animado o una versi�n m�s joven de nosotras mismas que nos est� hablando.A ver, pon un ejemplo pr�ctico.Te dice: "No me creo que hayas dicho eso en la fiesta, todo el mundo te odia, qu� verg�enza". Puedes imaginarte que es otro personaje el que te est� hablando, y de esa forma generas distancia entre la voz y t� misma. Para m� esa es la mejor herramienta: generar espacio entre lo que nos est� diciendo la mente y reconocer que solamente estamos observando esa voz, pero no es una voz real. Simplemente habla, y ya est�.A veces, ante un conflicto, lo que hacemos es dejarlo pasar, no enfrentarnos a �l. �Por qu� evitamos esas conversaciones dif�ciles?Si durante la infancia estuvimos expuestas a peleas que nunca se gestionaban y sobre las que se corr�a un tupido velo, aprendimos que el conflicto da miedo y que la forma de encontrar seguridad es evitarlo. Subyace la creencia extrema de que un desacuerdo arruina la relaci�n por completo y significa que la otra persona nos odia o nos abandona.�De qu� manera podemos empezar a afrontarlo?Aunque evitar el desacuerdo fue �til en la ni�ez, mantener esa conducta en la adultez refuerza ese temor. Sin embargo, al afrontar conversaciones dif�ciles con personas de confianza, como una pareja o una amistad cercana, le ense�amos al cuerpo que se puede discutir sin sufrir un abandono. En relaciones seguras, gestionar el conflicto nos acerca m�s, nos permite mostrar lo que sentimos y demuestra que podemos entendernos y respetarnos aun teniendo visiones distintas.Junto al conflicto, lo que m�s nos cuesta es saber decir que no. Las primeras veces van a sonar muy chocantes si no estamos acostumbradas a hacerlo. �Consejos?S�, cuando tu patr�n por defecto es complacer, poner un l�mite se siente casi como una agresi�n. Nos sentimos malas personas sencillamente porque no estamos acostumbradas a ello y nuestro cuerpo no reconoce esa conducta como algo seguro. Para dar los primeros pasos, es fundamental empezar de forma muy peque�a y con personas de absoluta confianza, como una buena amistad o una compa�era de trabajo cercana. Intentarlo de entrada con un familiar lejano solo reactivar� el miedo de nuestro sistema nervioso. Incluso podemos hacer a esa persona part�cipe explic�ndole que estamos practicando poner l�mites. Al decir no vamos a sentir culpa y nerviosismo, pero la incomodidad no significa que hayamos hecho algo malo, estamos haciendo algo nuevo para protegernos.Muchas personas sienten culpa al empezar a mirar por s� mismas. �C�mo cambia nuestra perspectiva cuando entendemos que poner l�mites no solo nos beneficia a nosotras?Queremos solucionarlo todo por nuestra cuenta, pero estos patrones solo se sanan en relaci�n con los dem�s. La mayor�a arrastramos heridas de nuestras primeras relaciones, como la familia o el colegio, por lo que el proceso pasa por una sanaci�n relacional dentro de v�nculos seguros. Ah� es donde aprendemos que podemos ser honestas y directas sin perder la cercan�a. Adem�s, este trabajo est� profundamente interconectado: cuando expresamos lo que necesitamos y aprendemos a fijar l�mites propios, tambi�n nos volvemos capaces de respaldar las necesidades ajenas y ayudar mejor a los dem�s. Al hacerlo, rompemos patrones generacionales aprendidos, transformando un proceso personal en un bien colectivo.�Te pasa algo conmigo? C�mo dejar de centrarte en lo que piensan los dem�s y empezar a vivir para tiPor Meg JosephsonEst� editado por Diana y se puede comprar aqu�. 18,95 euros. 289 p�ginas.Georgina Rodr�guezPsicolog�a







