Paco Cobo (Granada, 35 a�os) tiene una conexi�n innata con su perro Ron. Son compa�eros de vida. Se conocen. Se cuidan. Juegan, descansan, entrenan y trabajan juntos. Ambos forman una pareja inesperable en la Unidad Canina de los Bomberos de Murcia (UCBM) , y adem�s, colaboran con la ONG IAE Rescue, dedicada a las labores de rescate en emergencias y cat�strofes internacionales.El pasado 24 de junio, mientras se encontraba de guardia, una alerta en una aplicaci�n de su m�vil le avis� de que algo hab�a ocurrido. En un principio, pens� que se podr�a tratar de una situaci�n m�s habitual, como un desaparecido en el monte u otra emergencia similar, pero se encontr� con el doble terremoto que, durante la madrugada, hab�a asolado Venezuela.Recibido el aviso y en cumplimiento del convenio que tienen firmado la ONG y el Cuerpo de Bomberos, cualquier emergencia de estas caracter�sticas le permite ser liberado de sus funciones habituales para ir, junto a Ron, en ayuda de quienes m�s lo necesitan.Pasado un mes desde la tragedia y en una conversaci�n con Cr�nica, Cobo recuerda lo "largo" que se hizo ese viaje de ida. "Fue una peque�a odisea porque quer�amos ir all� desde el primer minuto. Primero fuimos Valencia y, al d�a siguiente, nos desplazamos a Madrid para volar en un avi�n fletado por el Gobierno, acompa�ados por bomberos de la Generalitat de Catalu�a, Extremadura y un equipo multidisciplinar de la Regi�n de Murcia", relata.Al no poder ir directamente a Caracas, el avi�n tuvo que aterrizar en la ciudad de Valencia para, desde all�, desplazarse por carretera hacia La Guaira.Llegados a la zona cero del se�smo se estableci� un campo base donde los equipos de rescate se pusieron bajo las �rdenes de un team leader, procedente de Protecci�n Civil, que todos los d�as se reun�a con los altos cargos venezolanos para, posteriormente, poder asignar a cada uno su zona de trabajo."Cuando llegamos fue muy duro. No hab�a visto nada por televisi�n ni por el m�vil sobre los efectos del terremoto y la realidad fue dif�cil. Me encontr� muchos edificios colapsados, un caos de gente queriendo ayudar y el pueblo totalmente volcado".Paco Cobo y su perro Ron realizan labores de rescate en La Guaira, VenezuelaCEDIDADurante los primeros d�as posteriores a una cat�strofe similar, la misi�n de los perros de rescate se centra en encontrar a las personas que pudieran estar vivas bajo los escombros. Para ello, Cobo prepara y entrena a Ron durante todo el a�o con el fin de que pueda afrontar todo tipo de ruidos, temperaturas y que su estado de �nimo permanezca lo mejor posible ante cualquier adversidad."Hab�a much�simos cad�veres. Ron los estaba oliendo y los ten�a que descartar. Eso le acaba frustrando y, por eso, hac�amos b�squedas m�s cortas y, sin que los familiares lo viesen, gener�bamos 'falsos positivos' de forma que el perro pudiese ladrar y su �nimo no decayera en la b�squeda", explica."Form�bamos parte de un equipo que estaba muy organizado y eso favoreci� mucho la intervenci�n. Se dividi� a todo el personal y fuimos hasta un hotel bastante grande que hab�a colapsado. All� nos separamos en peque�os grupos y cada uno hac�a b�squedas con su perro", agrega.Por esas zonas, seg�n explica Cobo, ya hab�a pasado previamente otro equipo de rescate, pero el trabajo de revisi�n siempre es importante. Por ello, las probabilidades de encontrar supervivientes eran ya mucho menores. "No encontramos a nadie vivo, pero hemos ayudado a que las familias pudieran estar seguras de que all� no hab�a vida. Eso para ellos era un descanso", apunta."Si tienen delante un edificio de nueve plantas derrumbado, el hecho de que les digamos que ni los perros ni los ge�fonos han dado se�ales de vida, les ayudaba a saber que, al menos, sus familiares no estaban vivos bajo los escombros sin que nadie hiciera nada por ayudarles", detalla.Se ped�a silencio: '�Hay alguien ah�?'"El primer d�a fue bastante duro, pero despu�s nos dedicamos a la emergencia y pusimos los pies en el suelo. Entend�a a lo que me dedicaba, cu�l era mi funci�n y fue todo un poco m�s f�cil", relata Cobo."Un equipo colocaba el ge�fono en una zona y se ped�a silencio. Eso se iba transmitiendo como una cadena y todo se quedaba en un silencio absoluto. Entonces se dec�a: '�Hay alguien ah�?'. Se esperaba un tiempo y se observaba la pantalla para ver si detectaba alg�n sonido. Otros lo hac�an sin equipo. Ese silencio tambi�n me sorprendi�. Me emocion�", a�ade.Una situaci�n tr�gica en la que la gente no dud� en hacer lo que estuviera a su alcance para ayudar y acompa�ar a todos aquellos les prestaban su ayuda: "Nos llevaban agua, comida y nos hablaban genial, sin ning�n tipo de prisa. Me dec�an: 'Tengo all� a mi hija' o 'tengo a mis dos hijos'. Otro chico se parti� el tobillo picando en un forjado porque estaban all� su mujer y su hijo"."En estos a�os he aprendido que no siempre hay que hablar con los familiares. Cuando no sabes que decir, es casi mejor no decir nada. S�lo estar ah� y acompa�arlos", afirma.Durante la semana que permaneci� en La Guaira, la rutina de Cobo y Ron era casi siempre la misma. Esperar al reparto de zonas de trabajo por la ma�ana, salir hacia all� y no volver hasta altas horas de la noche. "�bamos de un sitio a otro y sin parar. Despu�s regres�bamos al campo base para descansar con bomberos de otros pa�ses como El Salvador, Costa Rica...etc."Paco Cobo y Ron durante su intervenci�n tras los terremotos en VenezuelaCEDIDASobre los cad�veres que se encontraban, Cobo explica que, al no llevar el equipo necesario para extraerlos, se limitaban a contabilizarlos y, si aumentaban, a se�alarlos con un spray naranja siguiendo un c�digo universal que informa a los rescatistas de los riesgos existentes dentro del edificio, del n�mero de equipos que ha trabajado en �l, de la fecha o del tipo de b�squeda que se ha realizado.Preguntado sobre si esto no le afectaba a nivel psicol�gico, Cobo se�ala lo siguiente: "Como me dedico a lo que me dedico, te vuelves m�s fr�o con esta profesi�n. Creo que al final te acostumbras a ver esas desgracias y las normalizas. A m� me sobrecogi� cuando llegu� all� y vi la magnitud. Sab�a que hab�a mucha gente fallecida. Se percib�a por el olor"."La gente iba con mascarillas porque una vez que te adentrabas en la zona cero, se pod�a oler lo que pasaba. Era una zona calurosa y con humedad y eso favorec�a a la descomposici�n de los cuerpos. No s�lo era ver los cad�veres que estaban atrapados, sino los que no ve�amos y sab�amos que estaban ah�", agrega."Las familias estaban desoladas. Derrotadas. Hab�an perdido todas las esperanzas", relata Cobo.Otro momento complicado fue el regreso a casa. "No te quieres volver, porque crees que todav�a puedes ayudar, aunque sab�amos que ten�amos una fecha de vuelta. Eso no depend�a de nosotros, pero tambi�n sabes que cada d�a llegan nuevos equipos de todas las partes del mundo. No dejas la zona desangelada"."Estaba muy cargado emocionalmente y cualquier cosa me emocionaba. La gente estaba muy agradecida con nosotros", relata, al tiempo que agradece el gran recibimiento que tuvo por parte de sus compa�eros a su vuelta y el apoyo de toda su familia.Adem�s, confiesa que al volver tuvo que acudir a un psic�logo al tener la necesidad de "soltar" todo el estr�s acumulado durante esos d�as.Ron juega con su compa�ero, Paco Cobo, en el Parque de Bomberos de Infante, en Murcia.Abel F. RosAraba PressA su vuelta, el Ayuntamiento de Murcia rindi� un homenaje a todo el equipo de bomberos del Servicio de Extinci�n de Incendios y Salvamento que hab�an participado en estas labores internacionales de b�squeda. A esos h�roes an�nimos, vestidos de uniforme, que son un ejemplo de entrega y compromiso con la sociedad y un s�mbolo de esperanza en medio de una gran tragedia."Muy contento" con el trabajo que ha realizado su perro en la intervenci�n, Cobo volver� a retomar su actividad diaria en estos d�as, con Ron, despu�s de unas merecidas vacaciones, siempre dispuestos a ayudar y colaborar en aquellos lugares donde m�s falta hacen.Seg�n las �ltimas cifras reconocidas por el Gobierno de Venezuela, el doble se�smo del pasado 24 de junio, ha dejado un total de 5.398 v�ctimas mortales, 16.740 heridos y 17.907 damnificados.Adem�s, seg�n recogi� Europa Press, desde ONGs como UNICEF a�aden que cerca de 23.100 personas se encuentran actualmente en campamentos temporales en La Guaira, el Distrito Capital, Miranda y Aragua.
Un bombero espa�ol que ayud� con su perro tras los terremotos de Venezuela: "Hab�a much�simos cad�veres. Ron los estaba oliendo y los ten�a que descartar... No encontramos a nadie vivo"
Paco Cobo (Granada, 35 a�os) tiene una conexi�n innata con su perro Ron. Son compa�eros de vida. Se conocen. Se cuidan. Juegan, descansan, entrenan y trabajan juntos. Ambos...









