Diplomáticos estadounidenses y brasileños consideran gravísima, desproporcionada y sin precedentes la decisión del gobierno de Donald Trump de revocar el visado de la embajadora de Brasil en Washington, Maria Luiza Viotti. Según ellos, la medida rompe con la práctica diplomática habitual: Estados Unidos suele tardar entre dos y tres meses en conceder el agrément a embajadores extranjeros, y los retrasos en ese proceso normalmente no generan represalias directas.

La justificación oficial para la revocación fue la demora de Brasil en conceder el agrément a Daniel Perez, designado por Trump como embajador en Brasilia. Un alto funcionario estadounidense afirmó que "este episodio en particular (la revocación del visado) se centra en el hecho de que tenemos un candidato a embajador altamente cualificado; el Gobierno de Brasil nos debe una respuesta rápida y positiva a la solicitud de agrément".

El texto recuerda dos precedentes en los que el retraso en la concesión del agrément no provocó represalias: el caso de Dani Dayan, propuesto por Israel en 2015 y rechazado de forma informal por el gobierno de Dilma Rousseff, y el de Marcelo Crivella, cuya designación como embajador en Sudáfrica fue ignorada por Pretoria en 2021. En ambos casos, los embajadores en funciones permanecieron en sus cargos sin recibir ningún tipo de sanción.