Meta humanosFácil es tirar la basura en la calle. Difícil es soportar las inundaciones que luego provoca cuando tapa las alcantarillas.
La basura, que debería estar en una bolsa, en una línea de reciclaje y luego en un proceso de reducción que minimice su capacidad de ensuciar y contaminar, hoy invade calles, recorre cientos de kilómetros en los ríos, navega en lagos y, muchas veces, se acumula en los bosques, como si su hábitat natural fuera cualquier lugar excepto donde realmente debe estar.
Pero ¿por qué ocurre esto?, ¿quién lleva esa basura hasta allí? La respuesta más común que se escucha es: “A saber, uno siente que las calles ya están llenas de basura”. Lo curioso es que muchas veces esa frase se acompaña del gesto de alguien sacando sigilosamente una envoltura de dulce del bolsillo para tirarla al suelo.
La verdad es simple: los desechos sólidos no nacen de la nada ni brotan de la tierra como las plantas. Tienen responsables, y esos responsables somos todos.
La diferencia con otros grandes problemas de este país es que la basura no tiene un único rostro o un solo apellido. Tiene miles, millones. Está en los niños que al comer una galleta no han sido educados para guardar la envoltura en el bolsillo hasta encontrar un basurero. Está en los adultos que, sin pensarlo dos veces, bajan la ventana del vehículo o del bus para lanzar una botella plástica, un envase de comida o una colilla de cigarro. Está en los hogares donde todavía cuesta clasificar la basura y entender que separar los residuos es un acto de responsabilidad social.







