Unos 120.000 niños, niñas y adolescentes de seis a 13 años pasan muchas horas del día solas y solos en casa, con poco acompañamiento de personas adultas, según cálculos de la ONG Educo. En verano, muchos de ellos encuentran en las pantallas –tabletas, ordenadores, móviles y videoconsolas– la única alternativa de ocio y compañía. Las altas temperaturas, las largas jornadas de sus padres o la imposibilidad de salir a la calle sin un adulto les condenan a pasar el día solos en casa, sin la posibilidad de asistir a campamentos o actividades deportivas. De ahí que se les llame “iPad kids” (niños iPad o niños tableta) o “screenagers” (adolescentes pantalla).

“Estos términos hay que usarlos con mucho cuidado. Son etiquetas o eufemismos que suenan simpáticos, pero que individualizan un problema que muchas veces es estructural: familias sin conciliación real, sin recursos para campamentos, sin apoyo comunitario, o directamente en situación de vulnerabilidad”, denuncia Diana Jiménez, psicóloga especializada en infancia e integrante de FABA.

Una de esas madres es Marbelys. Tiene dos niños que este verano han tenido que quedarse en casa por falta de recursos. “Si por ellos fuera, estarían pegados a la televisión todo el día, desde las nueve que se levantan hasta las diez que se acuestan. Hasta se pelean por verla”, reconoce. Por falta de recursos, ha tenido que elegir a cuál de ellos enviar a actividades puntualmente, y le ha tocado al menor poder escaparse de vez en cuando, por lo que el mayor pasa gran parte del día solo. “Él no quiere quedarse en casa, le gustaría más irse a un campamento o a la piscina con sus amigos. Yo no tengo vacaciones, trabajo todo el día y no puedo pagar por esas actividades”, explica Marbelys, que reconoce que no le gusta la situación en la que están. “¿Pero qué puedo hacer? No me quedan alternativas”, lamenta.