NoticiaAdemás de reducir las lluvias, el fenómeno puede intensificar las ondas de calor marinas, amenazando los corales y acelerando la erosión de las playasEl fenómeno que se consolidaría a finales de 2026 podría generar condiciones más secas y cálidas en la región, afectar embalses y aumentar las ondas de calor marinas. Foto: Archivo EL TIEMO / UninortePERIODISTA DE MEDIOAMBIENTE Y SALUD04.08.2026 17:52 Actualizado: 04.08.2026 17:52

El fenómeno de El Niño que se prevé se consolide durante los últimos meses de 2026 ya muestra señales de una intensidad excepcional. Las anomalías de temperatura superficial del mar en el Pacífico ecuatorial superan los 4 °C en la región conocida como Niño 3, un nivel que, de acuerdo con los registros disponibles, iguala las temperaturas observadas durante algunos de los episodios más fuertes desde que existen mediciones sistemáticas globales, en 1950. LEA TAMBIÉN El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) estima en 81 % la probabilidad de que el fenómeno alcance una intensidad “muy fuerte” entre octubre y diciembre. De concretarse este escenario, el episodio estaría entre los más intensos de la serie histórica, junto con los registrados en 1997-1998 y 2015-2016.Para Rafael Torres Parra, profesor del Departamento de Ciencias Naturales de la Universidad del Norte e investigador en oceanografía física con más de tres décadas de experiencia, las señales actuales justifican adoptar medidas de prevención desde ahora.Rafael Torres Parra, profesor del Departamento de Ciencias Naturales de la Universidad del Norte. Foto:Uninorte“No tengo ninguna duda de que a finales de año vamos a tener un El Niño muy intenso. Tenemos que tratar de tomar todas las medidas de precaución desde ya para evitar los riesgos asociados”, advierte el investigador.El diagnóstico fue presentado por Torres durante la Escuela Internacional PAZ-MARCO —Peligros Naturales y Presión Antropogénica en la Zona Marino Costera—, realizada entre el 21 y el 24 de julio en la Universidad del Norte. La actividad fue financiada por el Instituto de Investigación para el Desarrollo (IRD) de Francia, en alianza con la Escuela Superior Politécnica del Litoral (ESPOL), de Guayaquil, y las embajadas de Francia en Colombia y Ecuador.Durante el encuentro, el investigador dictó un taller sobre seguimiento de condiciones oceánicas extremas, entre ellas huracanes, oleaje, nivel del mar y tsunamis, además de El Niño y las ondas de calor marinas, utilizando herramientas satelitales de acceso abierto. LEA TAMBIÉN Un fenómeno que nace en el Pacífico, pero impacta al planetaEl Niño es un fenómeno de interacción entre el océano y la atmósfera que se desarrolla en el océano Pacífico. Sin embargo, sus efectos trascienden esa región y pueden sentirse a escala global.Torres explica que, en condiciones normales, los vientos alisios del sur desplazan las aguas cálidas del Pacífico oriental hacia Asia y Australia. Al mismo tiempo, frente a las costas de Suramérica emergen aguas frías que aportan nutrientes y contribuyen a la riqueza pesquera de países como Perú y Ecuador.Este sistema forma parte de un circuito de vientos asociado a las diferencias de presión atmosférica y conocido como celda de Walker. Cuando se presenta El Niño, los vientos alisios se debilitan y la celda se contrae. Como consecuencia, las lluvias se desplazan hacia Suramérica y una gran masa de agua cálida avanza hacia las costas del continente americano.Expertos monitorean el comportamiento del Pacífico ante la llegada de un Super El Niño. Foto:iStockEse calentamiento se expresa mediante las llamadas anomalías térmicas, un indicador utilizado para determinar la intensidad del fenómeno. Las anomalías corresponden a la diferencia entre la temperatura actual y el promedio histórico de la temperatura superficial del océano durante los últimos 30 años para la misma época.Los científicos siguen este indicador en distintas regiones del Pacífico, denominadas Niño 1+2, Niño 3, Niño 3.4 y Niño 4. Según la comparación realizada por Torres con registros satelitales de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA), el episodio actual ya presenta temperaturas superiores a las observadas en algunos de los ocho eventos más fuertes desde 1950, entre ellos los de 1957-1958, 1982-1983 y 1997-1998.El fenómeno también coincide con una tendencia de calentamiento global. De acuerdo con Torres, los récords de temperatura promedio mundial se han roto en los últimos años en los que se ha presentado El Niño, debido a la interacción entre este fenómeno natural y el calentamiento global. LEA TAMBIÉN Menos lluvias, más calor y riesgos para el CaribePara el Caribe colombiano, uno de los efectos esperados es el incremento de las temperaturas y una disminución de las lluvias. Esto puede generar impactos sobre sectores estratégicos como la generación eléctrica, la agricultura y la ganadería.Cerca del 65 % de la energía eléctrica de Colombia se produce mediante centrales hidroeléctricas. Por eso, una reducción de las precipitaciones puede disminuir los niveles de los embalses y generar dificultades para la generación de electricidad.“Si disminuye la precipitación y disminuye el nivel de los embalses, hay un problema en la generación de electricidad. Los sectores agrícola y ganadero también sufren, y las altas temperaturas nos afectan a todos”, señala Torres.El escenario seco y caluroso también aumenta la posibilidad de incendios forestales, uno de los riesgos asociados al comportamiento esperado del clima durante un episodio fuerte de El Niño.El Niño viene con más calor y menos agua para el Caribe colombiano. Foto:UNGRDEn contraste, hay un efecto que podría resultar favorable para las zonas costeras: la temporada de huracanes suele ser menos intensa durante los años en los que se presenta El Niño. Según el investigador, los cambios en la cizalladura vertical del viento dificultan que las tormentas logren organizarse.Ese comportamiento fue confirmado en un trabajo de grado de un estudiante de pregrado de Geología de la Universidad del Norte. Para Torres, una menor intensidad de la temporada de huracanes representa una ventaja debido al riesgo que estos eventos extremos suponen para las zonas costeras.Sin embargo, el nivel del mar plantea otra preocupación. Torres publicó en 2023 un artículo sobre la manera en que El Niño modifica la circulación estacional del Pacífico colombiano y actualmente trabaja con colegas en un nuevo estudio sobre sus efectos en el nivel del mar. El calentamiento del agua durante El Niño puede elevarlo y aumentar el riesgo de inundaciones y erosión costera. LEA TAMBIÉN El impacto en los coralesEl calentamiento del océano también puede intensificar las llamadas ondas de calor marinas, períodos de temperaturas excepcionalmente altas que pueden prolongarse durante varios días.Estas ondas representan una amenaza para los ecosistemas coralinos porque pueden provocar el blanqueamiento de los corales y, en determinadas condiciones, llevarlos a la muerte. Torres, quien participó como coautor en una publicación reciente sobre el tema, señala que las ondas de calor marinas se intensifican durante los fenómenos de El Niño.Las altas temperaturas aumentarían la presión sobre los sectores agrícola y ganadero. Foto:UNGRDLos corales cumplen funciones fundamentales para los ecosistemas marinos, al servir como refugio y fuente de alimento para numerosas especies. Además, forman una barrera natural que ayuda a disminuir la fuerza del oleaje antes de que este alcance la costa.Por eso, su deterioro también puede tener consecuencias sobre las playas. La pérdida de esa protección natural puede acelerar los procesos de erosión costera.Satélites y redes de monitoreoEl seguimiento de El Niño depende principalmente de información obtenida mediante satélites de países desarrollados que comparten datos sobre temperatura y nivel del mar. A estos registros se suman las redes de boyas oceánicas que permiten medir la temperatura a diferentes profundidades.En Colombia, el Ideam contribuye con sus estaciones hidrometeorológicas, mientras que la Dirección General Marítima (Dimar) cuenta con una red de mareógrafos para el seguimiento de las condiciones del nivel del mar.Para Torres, además de los sistemas de monitoreo, el país necesita fortalecer la formación de profesionales capaces de comprender la relación entre el océano y el clima.El investigador destaca que egresados de los programas de Geología, de la Maestría en Ciencias de la Tierra y del Doctorado en Ciencias del Mar de la Universidad del Norte ya trabajan en entidades como la Dimar y la Corporación Autónoma Regional del Atlántico (CRA), donde aportan sus conocimientos al análisis de riesgos naturales.La necesidad de fortalecer esta capacidad de investigación, sostiene Torres, será cada vez mayor debido al calentamiento global.“Década tras década el impacto de los fenómenos de El Niño en la sociedad va a seguir aumentando por la actual tendencia observada de calentamiento global”, afirma.Por ello, considera prioritario profundizar en el estudio de la conexión entre el Pacífico y el Caribe colombiano. La posición geográfica del país, con costas sobre ambos océanos, ofrece una oportunidad para avanzar en esa investigación.“Colombia, nosotros y la Universidad del Norte estamos en un sitio privilegiado, porque estamos en la mejor esquina de Suramérica, con costas tanto en el Caribe como en el Pacífico. Lo único que necesitamos es un poco más de tiempo y recursos para, de la mano de nuestros estudiantes de pregrado y posgrado, avanzar para responder estas preguntas”, concluye Torres Parra.EDWIN CAICEDOPeriodista de Medioambiente y Salud@CaicedoUcros Sigue toda la información de Vida en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.