Las dos almas del Partido Demócrata de Estados Unidos se someten este martes a una prueba de fuego. Las primarias para elegir al aspirante a senador por Míchigan se han convertido en una especie de termómetro para medir hasta qué punto llega la calentura del sector izquierdista del partido, que ya ha cosechado grandes victorias en ciudades como Nueva York y Denver, y que ahora se enfrenta a un Estado de esos llamados bisagra, en los que tanto pueden ganar los demócratas como los republicanos. Los dos candidatos enfrentados no pueden ser más diferentes. Por un lado está Abdul El-Sayed, un médico hijo de inmigrantes egipcios, musulmán y con credenciales progresistas como la lucha por la sanidad gratuita universal y la crítica radical al Gobierno israelí de Benjamín Netanyhau. Por otro, la congresista Haley Stevens, centrista, que cuenta con el respaldo de grandes figuras del mainstream demócrata y del poderoso lobby israelí. Si vence El-Sayed, como sugieren con timidez las encuestas, los progresistas podrán repetir esa idea de que su movimiento no es algo exclusivo de las grandes ciudades, que están preparados para aspirar a todo en cualquier parte del país. Los dos sectores que pelean por hacerse con las riendas del Partido Demócrata han mostrado sus cartas en esta batalla. El-Sayed ha contado con el apoyo entusiasta de dos de las grandes estrellas de la izquierda, el senador Bernie Sanders y la congresista Alexandria Ocasio-Cortez, que medita sus posibilidades para presentar una candidatura a presidenta en 2028. Un buen resultado en Míchigan podría ayudarle a decidirse. En el otro bando, la congresista Stevens ha sido respaldada por figuras populares como la gobernadora Grethen Whitmer.La campaña de Míchigan ha sido una de las más caras que se recuerden. El lobby israelí ha alcanzado su récord en un solo Estado al invertir en torno a 30 millones de dólares. Pero esos fondos en anuncios alabando a Stevens y arremetiendo contra su contrincante pueden tener su contrapartida, porque la influencia del dinero en la campaña se ha convertido en uno de los debates. El-Sayed y los suyos insisten en la necesidad de regular la influencia de todos esos millones de oscura procedencia en los procesos electorales. Abolir el ICE“Si creen, como yo, que en vez de gastar dinero en una agencia descontrolada como el ICE deberíamos abolirla y dar sanidad a todos; si creen que en vez de financiar un genocidio perpetrado por un Gobierno extranjero sería mejor construir escuelas, ganemos estas primarias el martes”, arengaba El-Sayed hace poco a sus seguidores. “Sé que las cosas están difíciles y que Washington es un desastre total. Algunos solo se dedican a gritar”, aseguraba Stevens en un vídeo mientras se proyectaban imágenes de su rival. Y continuaba: “Yo, en cambio, estoy luchando para arreglar todo esto. La gente de Míchigan necesita alguien que sepa hacer las cosas”. Stevens ha jugado en esta campaña la carta de legisladora experimentada y, sobre todo, de presentarse como una ciudadana más de Míchigan. Una de las grandes polémicas de estas semanas la generó un vídeo suyo en el que hablaba con un acento que algunos consideraban forzadamente del Medio Oeste, como queriendo decir que ella era oriunda de allí y otros no. La polémica ha generado tantas risas como adhesiones a la candidata. Cualquiera que siga las elecciones presidenciales en Estados Unidos sabe que Míchigan es uno de los Estados a los que más de cerca hay que mirar. Con más de 10 millones de habitantes, es el décimo más poblado del país. Además, no está teñido completamente ni de rojo republicano ni de azul demócrata. En 2024, Donald Trump ganó allí por solo 80.000 votos (obtuvo el 49,7% frente al 48,3% de Kamala Harris). Ese es uno de los motivos por los que esta elección es interesante, porque allí no todo está escrito. No es Nueva York, donde el vencedor de las primarias tiene en la mayoría de los casos garantizado el asiento, porque se presenta por un distrito abrumadoramente demócrata. En Míchigan, si gana El-Sayed está por ver qué efecto tiene un candidato musulmán hijo de inmigrantes con un discurso netamente de izquierdas. Si después de las primarias se hiciera también con el escaño, sería el primer senador de fe islámica en la historia de Estados Unidos. Esta carrera también es importante porque los demócratas tienen que ganar aquí si quieren tener alguna posibilidad de arrebatar el Senado a los republicanos. El-Sayed y Stevens luchan para hacerse con el escaño que abandona voluntariamente el demócrata Gary Peters. Es decir, es un puesto que la oposición a Trump tiene que mantener a toda costa para hacerse con la Cámara alta en las elecciones de medio mandato del próximo 3 de noviembre.