Las visiones localistas deber�an quedar en un segundo plano ante la transici�n energ�tica para frenar el cambio clim�tico.El Govern de la Generalitat ha decidido aplazar el Plater, el Plan Territorial Sectorial de Energ�as Renovables de Catalu�a, hasta despu�s de las elecciones municipales de mayo de 2027 ante la proliferaci�n de alegaciones presentadas, muchas de ellas por parte de ayuntamientos que se niegan a aceptar lo que consideran una intromisi�n en sus competencias municipales. Un peque�o fracaso que nos pone frente al espejo en una cuesti�n en la que, sin cerrar la puerta al di�logo con el territorio, las visiones localistas deber�an quedar en un segundo plano ante un objetivo que trasciende las demarcaciones administrativas: la transici�n energ�tica para frenar el cambio clim�tico.Mientras tanto, el n�mero de hect�reas quemadas en todo el Estado supera ya los m�ximos hist�ricos para estas fechas y todo apunta a que 2026 podr�a incluso superar el fat�dico 2025. Los factores que influyen en los incendios forestales son diversos: la gesti�n de los bosques, la acci�n de los pir�manos, la fatalidad, el retroceso de las actividades agrarias... Pero hay uno que est� detr�s de buena parte de estos nuevos y terribles incendios que sufrimos: el cambio clim�tico. Una realidad que ya muy pocos discuten, pero que parece que todav�a no acabamos de asimilar plenamente. Y, lo que es m�s importante, a�n no aceptamos del todo qu� medidas debemos poner en marcha con urgencia para intentar revertirlo, aunque ya llegamos tarde.La proliferaci�n de alegaciones de inspiraci�n localista que durante las �ltimas semanas ha recibido el Plater y que ha provocado su aplazamiento es un reflejo de esa falta de asimilaci�n de las exigencias del camino que debemos recorrer entre todos con instrumentos como este plan. Su esp�ritu es que todos los territorios asuman una cuota de responsabilidad en esta necesidad transversal que supone la generaci�n de energ�a verde. Un planteamiento muy distinto del modelo que hemos tenido hasta ahora, con las comarcas del sur de Catalu�a contribuyendo de manera extraordinaria a un objetivo de inter�s general del que otros territorios se han inhibido.Abro un par�ntesis para advertir de que la especializaci�n que Tarragona ha consolidado en el sector energ�tico y que constituye un importante argumento para atraer inversiones no puede convertirse, en ning�n caso, en un factor que nos haga tropezar de nuevo con la misma piedra. Bienvenidas sean las inversiones, pero no olvidemos este principio del Plater: compromiso y solidaridad territorial. De todos. Y tampoco olvidemos otra asignatura pendiente: que los territorios que asumen un mayor esfuerzo en la generaci�n energ�tica dispongan tambi�n de la energ�a necesaria para impulsar su actividad empresarial y abordar, en algunos casos, un proceso de diversificaci�n econ�mica tan necesario como urgente.Volviendo al hilo argumental de este art�culo, debemos ser capaces de contemplar el Plater no como una amenaza —o como una invasi�n de la autonom�a municipal—, sino como una oportunidad para dar un impulso decisivo a las energ�as renovables, que, como tantas veces se ha dicho, llegan con demasiado retraso a Catalu�a. Fuimos de los primeros en hablar de ellas y estamos siendo de los �ltimos en desplegarlas. Precisamente por esa mentalidad de resistencia localista que vuelve a manifestarse a trav�s de las alegaciones al Plater.Debemos tener presente que cuando rechazamos un parque e�lico o fotovoltaico por su impacto visual o por la supuesta afecci�n al h�bitat de alguna especie, estamos contribuyendo a que el conjunto del planeta siga siendo un lugar cada vez m�s inhabitable para todas las especies, incluida la nuestra. No puede ser, por tanto, que determinados territorios, que curiosamente s� aceptan otros impactos como los derivados del turismo o del crecimiento urban�stico, den la espalda a las energ�as renovables escud�ndose en el tramposo eslogan del �as� no�, sin molestarse siquiera en explicar c�mo lo har�an.La sostenibilidad no puede quedarse en una idea decorativa que llena nuestros discursos mientras seguimos siendo incapaces de asumir las decisiones necesarias para avanzar hacia ella. Pong�monos frente al espejo y pensemos en las consecuencias colectivas que tiene que actuar �nicamente en funci�n de nuestro inter�s particular, desde una visi�n excesivamente cerrada de la protecci�n del medio natural. Los incendios son uno de los efectos m�s dolorosos y visibles de nuestra incapacidad para hacer los deberes. Pero hay muchos m�s, y seguir�n llegando. Pensemos en el conjunto antes de presentar alegaciones desde el centro de nuestro propio ombligo.