"Se acabó el Lula paz y amor, ahora viene el Lula bravo". Con esa frase cerró el presidente brasileño su discurso del domingo en el Expo Center Norte de São Paulo, donde el Partido de los Trabajadores (PT) lo proclamó candidato a la reelección ante unos 3.000 asistentes enfervorecidos. A los 80 años, Luiz Inácio Lula da Silva busca su cuarto mandato en las presidenciales del 4 de octubre —la séptima vez que se presenta— y lo hace con un discurso bastante más grueso que el que le devolvió al poder hace cuatro años.PublicidadEl giro es deliberado. La campaña de 2022, tras la anulación de sus condenas y la salida de la cárcel, se construyó sobre la idea de Lula como opción segura y garante de la democracia, con las aristas ideológicas limadas. Cuatro años después mantiene la fórmula del frente amplio —Geraldo Alckmin, dos veces gobernador de São Paulo y rival de Lula en la segunda vuelta de 2006, repite como candidato a vicepresidente, respaldados por una coalición de una docena de partidos—, e incluso la ha ensanchado con antiguos adversarios como la senadora Soraya Thronicke, que en 2022 hizo campaña contra él. Pero la polarización le ha permitido subir el tono.Trump entra en campañaLa irrupción de Washington en la política brasileña no es nueva ni fortuita. En febrero de 2025, Eduardo Bolsonaro, tercer hijo del expresidente y entonces diputado federal, se instaló en Estados Unidos para pedir a la Administración Trump que sancionase a los magistrados que juzgaban a su padre. Funcionó a medias: Washington sancionó al juez del Supremo Alexandre de Moraes e impuso un arancel punitivo del 40% a los productos brasileños, que Trump justificó como respuesta a una "caza de brujas" judicial. En septiembre, Jair Bolsonaro fue condenado a 27 años de prisión por el intento de golpe de Estado de 2022.La factura llegó después. Un acercamiento entre Lula y Trump permitió retirar buena parte de aquellos gravámenes y las sanciones contra Moraes, y el 16 de junio el Supremo condenó a Eduardo Bolsonaro a cuatro años y dos meses de cárcel y ocho de inhabilitación por coaccionar a la justicia y atentar contra la soberanía nacional. No obstante, el hijo del exmandatario sigue rehuyendo a la justicia y permanece en Estados Unidos.La segunda ronda arancelaria llegó ya sin que la familia la pidiera. El 15 de julio, Washington anunció un gravamen del 25% sobre la mayoría de las importaciones brasileñas —con el café, la carne y el petróleo exentos—, en vigor desde el 22 y amparado esta vez en las "prácticas comerciales desleales" de las que acusa al país.PublicidadPero esta vez el castigo desbarata los cálculos de la oposición. Flávio Bolsonaro, senador de 45 años e hijo mayor del expresidente y candidato de la ultraderecha a las elecciones de octubre, lleva meses intentando frenar lo que su hermano fue a buscar. Ha viajado varias veces a Washington, donde llegó a ser recibido en la Casa Blanca, y remitió a la oficina comercial estadounidense un documento de 86 páginas pidiendo que no se impusieran nuevos aranceles consciente del rechazo mayoritario que causa esta medida causa entre la población. El hoy candidato presidencial niega haber solicitado nunca el castigo comercial y en las últimas semanas ha reclamado que se estas medidas se aplacen hasta después de los comicios, donde asegura que su eventual gobierno evitaría el arancel. Cada golpe de Trump refuerza a un Lula envuelto en la bandera brasileña. El presidente llama a su rival "traidor a la patria" y asegura que obedece a los intereses extranjeros mientras solo él defiende los de Brasil. El argumento tiene eco entre la población. Según el sondeo de AtlasIntel para Bloomberg publicado el 31 de julio, el 43,3% de los brasileños cree que el objetivo principal del arancel fue interferir en las elecciones, frente al 39,6% que lo atribuye a motivos económicos. En intención de voto, la media de los últimos sondeos sitúa a Lula por encima del 40% y a unos seis puntos de Flávio Bolsonaro.PublicidadDetrás del discurso, el Gobierno se ha comportado con notable cautela. Alckmin rebajó el tono de la respuesta inicial de Brasilia a los aranceles estadounidenses. "La idea no es la represalia. Dicen que ojo por ojo, y lo que puede pasar es que los dos se queden ciegos", afirmó en rueda de prensa horas antes de que el gravamen entrara en vigor. Insiste en que Brasil no se ha levantado de la mesa de negociación y ha centrado la respuesta en un paquete de 18.500 millones de reales para las empresas afectadas y en la diversificación de mercados.Esa contención se extiende a la política regional. Brasil ha mantenido un perfil discreto ante el recrudecimiento del bloqueo a Cuba y ante la captura de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses el pasado 3 de enero en Caracas, dos banderas históricas de la izquierda latinoamericana. Lo que sí ha hecho Lula es convertir el intervencionismo de Washington en argumento electoral. En su acto de presentación prometió invertir en industria de defensa deslizando que el riesgo de intervención es real. "Quiero estar preparado para que nadie invada este país y se lleve al presidente, como ya han invadido", dijo.Un Bolsonaro sin BolsonaroFlávio Bolsonaro no disimula que su candidatura es una prolongación de la de su padre, condenado a 27 años y tres meses e inhabilitado. En su proclamación, reivindicó su legado y se apoyó en la red internacional que sostiene al bolsonarismo desde 2022. La convención del Partido Liberal, el sábado 25 de julio en el Pacaembú de São Paulo, fue un megaevento inspirado en las convenciones republicanas estadounidenses: Benjamin Netanyahu intervino por vídeo, Eduardo Bolsonaro apareció grabado desde Estados Unidos para anunciar que la derecha "barrerá" la región y Javier Milei acudió en persona, acompañado de su hermana Karina y del canciller Pablo Quirno. El candidato blandió unas tijeras gigantes para emular la motosierra de su invitado.El acto terminó en crisis diplomática. Milei llamó "ladrón" y "basura socialista" a Lula, "basura calva" al juez Moraes, que días antes le había denegado una visita a Jair Bolsonaro. El gobierno brasileño llamó a consultas a su embajador en Buenos Aires, Julio Bitelli, y calificó la intervención de provocación sin precedentes; un acontecimiento que alimenta aún más la retórica nacionalista de Lula.En cualquier caso, la elección presidencial del 4 de octubre desborda a Brasil. Desde que Trump regresó a la Casa Blanca en enero de 2025, las siete presidenciales celebradas en América Latina se han saldado con la victoria de una derecha cada vez más radicalizada: Ecuador, Bolivia, Honduras, Chile, Costa Rica, Perú y Colombia. Brasil es la primera prueba real de que la racha puede romperse con un Lula que lidera las encuestas con unos seis puntos de ventaja sobre su rival.Los tribunales apuntan a convertirse en el otro gran vector de campaña, y no solo por el encarcelamiento de Bolsonaro. El 30 de julio, el juez del Supremo Tribunal Federal André Mendonça autorizó a la Policía Federal a abrir una investigación contra Fábio Luís Lula da Silva, hijo del presidente, por presunto tráfico de influencias y corrupción.Lula pidió a su militancia que no se obsesione con los sondeos. "La guerra no ha empezado, el campeonato no ha empezado. Empieza ahora", dijo, recordando que la campaña no arranca oficialmente hasta el 16 de agosto. Ese día tiene previsto su primer acto en el estadio de Vila Euclides, en São Bernardo do Campo, donde hace medio siglo dirigía las huelgas del metal.