El pasado viernes 31 de julio la fiscalía general del estado decidió retirar en Washington los cargos imputados a David Hearn, canoísta olímpico a quien apenas un mes antes había señalado como el causante de “daños irreversibles” en el célebre estanque reflectante del National Mall.

Donald Trump, ocupado como siempre en asuntos de fácil repercusión mediática de los que poder extraer inmerecidos reconocimientos, se encargó en abril de saciar su ego aireando otra genial iniciativa: iba a adecentar el célebre estanque situado entre el obelisco dedicado a Washington y el memorial de Lincoln que, según el aspirante a emperador, presentaba un aspecto vergonzoso.