NoticiaLa inversión podría volver a ser la punta de lanza del crecimiento. No solo reactivar la economía al corto plazo, sino de ampliar la capacidad.Lo ideal es enviar la señal de que Colombia volverá a tener su casa en orden y cumplirá con sus obligaciones. Foto: iStock03.08.2026 17:43 Actualizado: 03.08.2026 17:43

Colombia se asoma a un nuevo gobierno con una pregunta de fondo: ¿seguiremos creciendo apoyados en el gasto público y el consumo o vamos a recuperar la inversión privada, la confianza y la disciplina fiscal? De la respuesta dependerá si el país vuelve a construir bases sólidas de crecimiento o si sigue administrando en el corto plazo a una economía que muestra señales de fatiga. LEA TAMBIÉN La actividad económica crece a un ritmo aceptable, pero con una mezcla poco saludable: Estado que gasta, inversión privada apocada y hogares dedicados al consumo y con poco ahorro. Esa ecuación puede servir para atravesar una coyuntura, pero no para construir el futuro. El país necesita cambiar el motor: menos gasto público improductivo, más inversión, productividad y confianza.Juan Carlos Echeverry, presidente del Banco de Bogotá. Foto:Juan Pablo Rueda / EL TIEMPOLa primera tarea del gobierno será el ordenamiento fiscal. Deberá reducir el gasto innecesario y recuperar la seriedad y la credibilidad. Un ajuste bien explicado y bien ejecutado no es una camisa de fuerza para el crecimiento; por el contrario, puede ser la llave para bajar el riesgo país, reducir las tasas de interés, devolverle aire al sector productivo y ayudar a bajar el déficit vía el costo de la deuda.A unas finanzas públicas creíbles se debe sumar un entorno regulatorio serio, estable y proinversión. La inversión podría volver a ser la punta de lanza del crecimiento. No se trata solo de reactivar la economía en el corto plazo, sino de ampliar la capacidad productiva del país, crear empleo formal y elevar el crecimiento potencial. Sin inversión, Colombia puede moverse; pero no avanza.La recuperación debe comenzar por los sectores con mayor capacidad de arrastre. La construcción es el caso más evidente. La vivienda, hoy golpeada, puede volver a ser una gran palanca de empleo y ahorro de los hogares; y la infraestructura debe retomar el impulso de los grandes proyectos que integran regiones, reducen costos y hacen más competitivo al país. Ahí hay multiplicadores reales.Construcción en Bogotá Foto:Secretaría de Desarrollo EconómicoEn petróleo y minería también hay que recuperar el sentido práctico. Colombia debe avanzar en la transición energética con responsabilidad ambiental con base en sectores que generan impuestos, regalías, divisas y dividendos. Retomar la exploración y la explotación de hidrocarburos bajo reglas claras no es nostalgia del pasado, es realismo fiscal. Recuperar a Ecopetrol como empresa rigurosa, técnica y generadora de valor es una prioridad nacional.La autosuficiencia de gas está en el descubrimiento de Petrobras y Ecopetrol costa-afuera en La Guajira. Por su parte, la minería de cobre debe iniciar un futuro muy promisorio con el proyecto Quebradona en Jericó, Antioquia.La industria, por su parte, debe mirar más allá del mercado interno. La eventual recuperación de Venezuela abre una oportunidad estratégica para Colombia: no pensar solo en 52 millones de consumidores, sino en un mercado binacional cercano a 80 millones de personas. Ese horizonte exige capacidad productiva, logística, financiamiento y visión empresarial. No basta con esperar a la demanda; hay que desarrollarla a lado y lado de una frontera que ojalá se pueda cruzar sin paradas, como sucede entre Francia y España.El Gobierno debe volver a mirar al sector extractivo. Foto:iStockEn la demanda interna, debemos leer mejor los cambios en la sociedad. Los servicios pesan cada vez más en la vida económica: turismo, salud, entretenimiento, recreación y economía del cuidado son sectores que responden a nuevas preferencias de los ciudadanos y que pueden convertirse en fuentes poderosas de empleo e innovación.La agenda fiscal debe ir por varios carriles. Más crecimiento mejora las métricas fiscales y aumenta el recaudo. Pero no basta. Colombia necesita un sistema tributario más simple, con menos parches, menos exenciones mal diseñadas y una base más amplia de contribuyentes. El objetivo no debe ser castigar al que produce, sino ordenar el sistema para que recaude mejor y estimule la inversión.Al hueco fiscal que deja como herencia el gobierno de Gustavo Petro hay que sumar al menos 30 billones de deudas con los sectores salud y eléctrico. Solucionar eso pasa por dejar de una vez por todas de subsidiar a los combustibles. Debían quitarles los impuestos y los subsidios y dejar fluctuar los precios internos con las referencias internacionales.Del lado del gasto, la palabra clave es eficiencia. Hay que recortar lo que no agrega valor y concentrar los recursos en inversión pública con alto retorno social y económico. Un buen ejemplo está en la vivienda: subsidios bien focalizados, que ya han funcionado en el pasado, pueden movilizar ahorro privado, empleo y actividad constructora. Es de esos casos en los que el Estado no reemplaza al mercado, sino que lo activa. Un gana-gana.La sola expectativa de una mejor política económica ya se ha reflejado en una apreciación importante del peso. Esa revaluación trae alivios, pero también riesgos. Un peso más fuerte abarata importaciones y ayuda a moderar presiones inflacionarias, pero puede golpear a productores locales y exportadores si no viene acompañado de mayor productividad.El déficit comercial está cercano a USD 15.000 millones. Foto:SuministradaHoy las importaciones de bienes de consumo crecen con fuerza, mientras la industria local sigue débil y algunos sectores exportadores, como café, flores, muchos productos agrícolas, manufactureros y de servicios sienten el impacto de la tasa de cambio.Es la vieja advertencia de la enfermedad holandesa: una moneda fuerte puede convertirse en anestesia si el país se acostumbra a consumir más de lo que produce. Por eso la respuesta no puede ser la nostalgia cambiaria, sino la mayor productividad, infraestructura, innovación y crédito para invertir.La mezcla de 1) tasas de interés altas por el Emisor, 2) impuestos altos por un gobierno en dificultades, 3) tasa de cambio sobrevaluada y 4) salario mínimo alto puede resultar excesiva para la recuperación.Una buena noticia es que las cuentas externas lucen sólidas. El déficit comercial está cercano a USD 15 mil millones, pero los servicios han pasado de ser una fuente de déficit a una de equilibrio gracias al turismo, que aporta alrededor de USD 10 mil millones. Las remesas, por su parte, superan los USD 13 mil millones y permanecen en máximos históricos. Con ello, el déficit de cuenta corriente ronda el 2 por ciento del PIB, nivel muy razonable.En síntesis, el gobierno encontrará una economía con oportunidades, pero también con advertencias claras. La tarea consiste en pasar del crecimiento apoyado en gasto y consumo al crecimiento basado en inversión, productividad y confianza.Si Colombia ordena sus finanzas, reactiva sus sectores estratégicos y aprovecha mejor sus mercados, internos y externos, y realínea los cuatro precios clave (tasa de interés, impuestos, salario mínimo y tasa de cambio) podrá convertir la expectativa en resultados. Es hora de actuar y retomar el rumbo. Podemos por fin dejar atrás la década sombría e iniciar una década brillante.* Juan Carlos Echeverry, presidente del Banco de Bogotá LEA TAMBIÉN Sigue toda la información de Economía en Facebook y Twitter, o en nuestra newsletter semanal.