Dormir en una noche de calor puede convertirse en una tarea difícil cuando la vivienda ha ido acumulando temperatura durante todo el día. Aunque el sol ya se haya puesto, el dormitorio no siempre se refresca de inmediato y el bochorno puede mantenerse durante horas. Cuando no hay aire acondicionado, abrir la ventana suele ser una de las primeras soluciones que se prueban para hacer más llevadera la situación.
En principio, parece una decisión razonable. Muchas noches, la temperatura exterior desciende después del atardecer y la entrada de aire más fresco puede ayudar a aliviar el ambiente dentro de casa. Sin embargo, esta medida no funciona igual en todos los lugares ni a cualquier hora. Si fuera sigue haciendo tanto calor como dentro, o incluso más, dejar la ventana abierta puede terminar provocando el efecto contrario.
La temperatura no es el único factor que conviene valorar. El ruido procedente de la calle, especialmente en zonas con tráfico, puede interrumpir el sueño y empeorar la calidad del descanso. Por eso, la decisión no pasa simplemente por mantener las ventanas abiertas o cerradas toda la noche, sino por comprobar las condiciones exteriores y adaptar la ventilación a cada momento.











