Combinar mar y montaña durante las vacaciones resulta el binomio ideal, sobre todo para los que buscan alejarse por unos días del agobio de la ciudad sin renunciar a nada. Y si en España tenemos infinidad de pueblos que son perfectos para este tipo de escapadas, la Riviera Italiana (más allá de sus idílicas playas) también ofrece esta interesante posibilidad. Uno de estos lugares que merece la pena visitar es Apricale, un precioso pueblo medieval de tierra adentro, con paisajes de postal y una vertiginosa ubicación donde, además, no tendrás que renunciar a un chapuzón por su cercanía al Mediterráneo.Las empinadas calles de ApricaleEs uno de los pueblos más bellos de Italia y, sin embargo, no entra en la lista de los más conocidos. A menudo eclipsado por otros lugares más turísticos de la zona, entre sus callejones medievales te sumergirás en una atmósfera de incomparable belleza que trasciende al tiempo. Eso sí, mentalízate para subir y bajar cuestas porque sus vertiginosas calles están trazadas sobre la ladera de una colina y durante el recorrido tendrás constantemente a la montaña marcando tu ritmo. A cambio del esfuerzo podrás disfrutar de parajes naturales únicos y una paz que es difícil encontrar en otras localidades cercanas.Encaramado en una colinaSu trazado urbano de aires medievales es uno de los grandes atractivos de Apricale. Y no solo por su magnífico estado de conservación, también por una curiosa estructura de calles que se van dividiendo en círculos alrededor del castillo. La Piazza Vittorio Veneto será el punto de partida para comenzar a explorar el centro histórico y perdernos en un laberinto de callejuelas estrechas y empedradas repletas de escalinatas.Murales callejeros y gatos por todas partesDurante el paseo iremos atravesando pintorescos rincones con pasos subterráneos abovedados que se abren paso entre las casas de piedra. A pesar de su ambiente atemporal el pueblo también conecta con el arte más actual, como podrás comprobar en los numerosos murales de artistas que decoran las paredes de las calles. Y si eres amante de los gatos, seguro que no pasarás por alto la imagen de estos felinos pintados en algunas puertas y buzones de las casas, además de cruzarte con infinidad de ellos que acampan a su aire por las calles.La plaza del castilloY en lo alto de la colina: la Piazza Vittorio Emanuele (también conocida como Piazza Torracca) da acceso a los principales monumentos de Apricale, como la iglesia de la Purificación, el Oratorio de San Bartolomeo y el Castillo de la Lagartija (Castello della Lucertola) en una posición dominante. Este castillo del siglo XI, con su bonito jardín colgante, murallas y torres defensivas se ha convertido en el icono del pueblo. El interior de la fortaleza también alberga exposiciones de arte moderno y contemporáneo.También es interesante recorrer la Vía Cavour, a la derecha del Oratorio de San Bartolomeo, parcialmente cubierta. Aquí te encontrarás con la iglesia románica de Sant'Antonio Abate, de fachada barroca, conserva el acabado original de mármol. En el interior alberga interesantes frescos y pinturas. Y ya fuera del centro, hay otra iglesia integrada en el precioso paisaje ligur que te recomendamos no pasar por alto, la de Santa Maria degli Angeli, conocida como "iglesia fortaleza".Tierra de vinos y aceiteY después de subir y bajar cuestas toca comer en alguna de las tabernas escondidas entre las estrechas calles de Apricale. Seguro que no faltará en tu mesa el apreciado aceite de oliva de las aceitunas taggiasca que se produce en estas colinas y adereza la mayoría de los platos. Y entre los menús típicos de Apricale están las flores de calabacín o los raviolis rellenos de acelgas acompañados del típico vino Rosse de la zona. Y para los más dulces: las pansarole, una masa de harina frita con huevo y anís con forma parecida al buñelo.