“Va a caer el Gran Buenos Aires, el gran perdedor por la apertura…y esto plantea un desafío. Hay países que han tomado medidas y Argentina debería tomar medidas porque esto va a generar bolsones de descontento, de desempleo y de pobreza, justo en la zona políticamente más intensa”. La advertencia no proviene del sindicalismo o la izquierda, sino de Ricardo Arriazu, uno de los economistas más respetados por el Gobierno de Javier Milei.No es secreto alguno que el modelo económico libertario, por su diseño, beneficia a algunas regiones vinculadas a la producción agropecuaria, a la exploración minera o al sector energético y perjudica a otras más asociadas con la producción industrial y la tarea de las pymes. El dilema es que una de las zonas perdedoras es, en la provincia de Buenos Aires, el Conurbano bonaerense donde vive al menos el 25% de la población de todo el país. Una bomba de tiempo.La Encuesta Permanente de Hogares que elabora el INDEC registró en el primer trimestre del año un aumento de la desocupación del 9,5%, en seis aglomerados urbanos bonaerenses. Hubo saltos significativos en algunos de ellos como en el caso de Mar del Plata, del 4,9% en 2023 al 9,3%. Pero también un incremento importante de la subocupación.De acuerdo a los números de la Superintendencia de Riesgo de Trabajo, desde el inicio de la gestión libertaria desaparecieron 1.814 empresas y se perdieron 341.396 puestos de trabajo registrados en el Conurbano bonaerense.En términos políticos son votos y allí apunta Arriazu cuando habla de “la zona políticamente más intensa”. También el Gobierno, aunque no encuentra la forma de establecer algún paliativo que no sea incurrir en herramientas usadas por los gobiernos kirchneristas en época electoral como bonos o aumento de la ayuda social a partir del aumento de la emisión. Algo que Milei no hará nunca, aseguran en Balcarce 50.La Casa Rosada, de la mano del jefe de Gabinete Diego Santilli y a instancias también de Luis Caputo, había anunciado un plan para blindar a Milei de un clima de incertidumbre basado en una reforma política que le permitiera al Presidente ostentar una alianza electoral con una docena de gobernadores a cambio de los votos necesarias para aprobar las leyes del Ejecutivo. Pero los largos quince meses que aún deben transcurrir hasta la elección presidencial parecen complicar su factibilidad.Una de las primeras en ponerlo en evidencia, inesperadamente, fue la directora del Fondo Monetaria, Kristalina Georgieva. La funcionaria, una aliada del Gobierno, respaldó el programa económico, dijo que no veía la necesidad de la Argentina de pedir más financiamiento, elogió el fortalecimiento de las reservas del Banco Central y consideró que el Ejecutivo se encuentra en una posición sólida. Pero también remarcó la necesidad de que el crecimiento sea más “amplio y equilibrado”.Describió que el dinamismo de la economía está concentrado solamente en petróleo, gas, minería y agricultura, que “el desempleo no es alto pero mucha gente trabaja en la economía informal”; destacó el rol de las pymes por lo que hay que “facilitar su acceso al financiamiento para que puedan crecer y contratar más trabajadores”. Y abordó con el equipo de Luis Caputo cómo mejorar el acceso al crédito, la situación de los deudores morosos y aumentar el consumo. El dibujo de un camino algo pedregoso aún hacia la reelección del 2027.En ese contexto en el que la mayoría de los sondeos dan cuenta de una caída en la imagen del Gobierno por la situación económica que padecen muchos, se aceleraron los tiempos para la oposición que "comienzan a ver agua en la pileta, para tirarse", reflexiona un fogueado operador político.Es el caso del empresario Jorge Brito, un potencial candidato presidencial dentro del hábitat de los Milei y los Macri. En su entorno aseguran que aguardan los resultados de varios estudios para evaluar si el banquero y ex presidente de Ríver se lanza. Quien ya lo hizo, siguiendo los pasos de Carlos Melconián fue Hernán Lacunza, que quiere ser el postulante del PRO de Mauricio Macri. La aparición de Lacunza genera una grieta en el PRO. Están quienes dicen que habló antes con Mauricio Macri y otros dirigentes que lo apoyan como un Plan B del exmandatario. Y los que afirman que el partido amarillo acordará con el Gobierno porque los gobernadores Jorge Macri, Rogelio Frigerio e Ignacio Torres están más cerca del Gobierno que de la oposición, y que en territorio bonaerense el PRO ya cerró con la candidatura de Santilli.El peronismo, obviamente, también olfatea un escenario propicio para las contiendas. No es casual el lanzamiento del Operativo Cristina candidata con dos claros objetivos: desgastar la postulación presidencial de Axel Kicillof y si es posible, sacarlo de carrera; e instalar que pese a su condición de presidiaria, la ex presidente sigue teniendo mayor poder en el peronismo y puede nombra a un heredero.Un avezado dirigente peronista asegura que técnicamente Cristina no puede ser candidata ni siquiera en una interna por la misma razón por la cual ya no es presidenta del PJ por estar excluida del padrón electoral. Pero políticamente, puede hacer lo que quiera.Si el Gobierno logra suspender las PASO, imaginan una interna presidencial de tres o cuatro listas. Una con Axel Kicillof a la cabeza; otra de Cristina acompañada por un Mariano Recalde o Eduardo "Wado" de Pedro de vice; un candidato del Frente Renovador de Sergio Massa, aunque podría no ser el tigrense; y otra fórmula surgida del espacio en el que trabajan Sergio Uñac y Miguel Pichetto. Puede sumarse un quinto postulante, del perfil de Juan Grabois.Tal vez el mayor peligro para el proyecto de reelección de Milei no resida en los nombres que se barajan en la oposición ni en los movimientos del kirchnerismo. Si no en que la foto de hoy muestra que no pudo evitar el resurgimiento de la ancha avenida del medio producto del descontento en su gestión de un importante segmento social. Con el riesgo de que esa franja salga a buscar un candidato, como lo hizo con el libertario en 2023.