El impacto económico de los ataques estadounidenses contra Irán ha aumentado, como lo demuestran la escasez generalizada y los apagones, tras la decisión del presidente Donald Trump de atacar infraestructuras claves. Durante meses, los iraníes reportaron relativamente pocas perturbaciones económicas significativas ante los ataques estadounidenses e israelíes, a pesar de los miles de ataques aéreos y el bloqueo naval de varias semanas impuesto por las fuerzas estadounidenses. Sin embargo, esta situación cambió el mes pasado, ya que los ataques estadounidenses ocasionaron cortes de energía, escasez de agua y combustible, y ralentizaciones en el comercio que, según los analistas, están deprimiendo la producción y exacerbando la costosa incertidumbre.

Si bien el creciente sufrimiento económico podría empujar a millones de iraníes más a la pobreza, según los analistas, esta presión adicional no se traduce en avances diplomáticos. Convencidos de que pueden resistir el sufrimiento económico durante más tiempo y en mayor medida que EE. UU., los líderes iraníes se mantienen firmes en sus posiciones y siguen advirtiendo contra cualquier concesión. “La ecuación de esta guerra es clara: o todo o nada”, declaró la semana pasada Mohammad Bagher Ghalibaf, principal negociador iraní y presidente del Parlamento, en una publicación en X. “Si no se garantiza nuestra seguridad, ninguna infraestructura estará a salvo”.