Mientras se celebra esta entrevista, a las 12.30 del pasado viernes en su cuartel general de la base aérea de Torrejón de Ardoz (Madrid), la Unidad Militar de Emergencias (UME) está desplegada en Val de Maqueda y Pelayos de la Presa (Madrid), en Burgo Hondo (Ávila) y Vall de Uxó (Castellón), en Fermoselle (Zamora) y Villafranca del Bierzo (León). En total, 700 militares luchando en primer línea contra las llamas y otros 200 de apoyo. Desde hace tres años, el teniente general Francisco Javier Marcos (Toledo, 61 años), un oficial de la promoción de Felipe VI, está al frente de la unidad más demandada de las Fuerzas Armadas, un Séptimo de Caballería al que se recurre cuando la situación se pone realmente fea. El pasado 24 de julio, el Gobierno decretó por vez primera el nivel 3 de emergencia por incendio forestal y el jefe de la UME tomó el mando operativo de la lucha contra el fuego más devastador de la historia de España. Pregunta. ¿Qué ha supuesto asumir el mando operativo de la extinción del incendio Madrid-Ávila?Respuesta. Asumir la responsabilidad de liderar la respuesta del Estado en circunstancias de extrema gravedad y absoluta excepcionalidad. Una situación muy compleja, sobre todo en los primeros momentos, cuando se dispone de poca información y hay muchas vidas en peligro. En minutos hay que coordinar los recursos de todas las administraciones —municipal, autonómica y central—, que es lo que dispone la ley. La marca distintiva de la UME es su capacidad para integrar, en un cuartel general de 200 militares, al resto de las Fuerzas Armadas y a todos los recursos públicos y privados en una columna vertebral muy sólida, inquebrantable, que se dobla pero no se rompe.P. ¿Cuándo toma conciencia de la envergadura del incendio?R. En el momento en que las comunidades autónomas nos contactan y empezamos a trabajar, vemos que el incendio es muy peligroso y que las circunstancias son muy desfavorables, sobre todo por dos factores que me preocuparon. En primer lugar, la unión de los incendios. Era la hipótesis más peligrosa, pero entonces no la más probable, [aunque] luego sí lo fue. Cuando la hipótesis más peligrosa se convierte en la más probable, es una mezcla explosiva. En segundo lugar, el elevado número de poblaciones y la gran densidad de población en algunas zonas. Los elementos de reconocimiento nos alertaron de la altura del frente; la extensión del perímetro, que en segundos se iba multiplicando, y la virulencia de las llamas. P. ¿Cuál era su prioridad?R. Yo dije desde el principio que la primera prioridad era la seguridad de las personas y la defensa de los núcleos de población. Alto y claro. La segunda era garantizar los movimientos de personal, las evacuaciones, los confinamientos, en las mejores condiciones de seguridad. Y la tercera, el ataque al fuego. Algunos se echaban [las manos a] la cabeza, pero en una emergencia de este tipo no se puede mirar solo a la llama. Hay que levantar la mirada y decir: “La llama es importante, pero lo más importante es la vida de las personas”. Mi preocupación era la gente. Había que coordinar traslados, movimientos de unidades. Esa noche había cerca de 2.000 intervinientes moviéndose con el nerviosismo inicial, la población preocupada, las llamas incontroladas... Era un perímetro que alcanzó 285 kilómetros. Es una barbaridad. P. Nunca ha habido tantas evacuaciones y confinamientos en España.R. Nunca ha habido en España una emergencia provocada por incendios forestales que haya provocado unos movimientos de población tan numerosos y distintos. Además de los núcleos de población, estaban las casas aisladas. No nos podíamos dejar a nadie atrás. Eso generó una distribución de rutas logísticas y tácticas que había que coordinar. Y era de noche, había que actuar. Ese fue el momento más crítico.P. ¿Nadie se resistió a la evacuación?R. Nadie debería negarse, pero es lógico, somos humanos. Cuando uno está en su casa, está convencido de que no le va a pasar nada y quiere defender lo que son sus propiedades y, para muchos, su vida. Había segundas residencias, pero también muchas casas que para esa gente eran su hogar, su tierra. Era difícil convencerles, pero tuvimos muy pocos casos y la legislación permite la evacuación obligatoria en situaciones de emergencia nacional. En muy contadas ocasiones hubo que recurrir a eso. La gente se comportó de manera ejemplar. P. El incendio se saldó sin víctimas.R. El verdadero éxito es que no ha habido ningún fallecido. Ningún herido grave, solo algunas contusiones. Entre los evacuados había mucha gente mayor, pero no ha habido ningún episodio de gravedad. P. En el incendio de los Gallardos hubo 14 muertos. ¿Qué falló?R. Criticar cómo se gestionó ese incendio me parecería injusto. Apoyamos a la Junta de Andalucía en cuanto se solicitó nuestra presencia y creo que se gestionó bien. Había un viento errático, virulento, en una zona abrupta que dificultaba la movilidad y hacía que el fuego corriera muy rápidamente. Si esos terrenos están preparados y evitamos la continuidad [de la vegetación], cortamos el avance del fuego. Si esas casas no tienen esos árboles tan cerca... Ahora lo miro todo bajo otra óptica. Cuando veo las plantas y las copas de los árboles pegadas a las ventanas, queda muy bonito, pero ¿es la gente consciente de lo que se está jugando?... El incendio en sí no fue excesivamente complejo, pero es fundamental que se haga caso a las indicaciones de los expertos. P. ¿Qué es un incendio de sexta generación? R. Es el nombre que se ha puesto de moda para denominar incendios que evolucionan rápidamente, que no hay quien los pare. Es la conjunción de tres factores: la intensidad, la altura y el frente de la llama. Cuando se dan estas circunstancias, se dice que están fuera de capacidad de extinción, uno no se puede poner delante porque te lleva por delante. Entonces hacemos maniobras retardadoras, pasivas. De ahí que mi tercera prioridad, y no la primera, fuera atacar al fuego. Si nos hubiéramos centrado en atacar, no lo habríamos conseguido y muchos pueblos habrían sufrido una desgracia irreparable. Ante este tipo de fuego, lo único que podemos hacer es defendernos. No por disponer de más medios se va a solucionar. Mucha gente dice: ¿Por qué no más? Este incendio tuvo medios suficientes; un exceso de medios en una zona así lo único [que hace] es colapsar. Más medios no es más seguridad.P. ¿España tiene suficientes medios contra estos incendios?R. Hay suficientes para las emergencias habituales. Los incendios de mil, dos mil hectáreas. Claro que nunca sobran. Lógicamente, hay comunidades [autónomas] que priorizan más o menos. No me voy a meter en ese tema porque no me compete. Por lo que respecta a la UME, ahora mismo hay medios suficientes. Pero ningún país del mundo, ni los más capacitados, puede afrontar por sí solo las grandes catástrofes. Todos tenemos que acudir a la ayuda internacional. Lo que hay que hacer es normalizar esa respuesta comunitaria.P. ¿La causa de estos grandes incendios es el cambio climático o el abandono del campo?R. Yo creo que es todo. Si uno analiza las estadísticas, en los últimos años hemos multiplicado por dos el número de intervenciones. Los incendios son de mayor envergadura, de mayor intensidad, más cerca unos de otros. Los picos de temperaturas son mayores en las áreas afectadas, más extensas. Algo está pasando. El cambio climático está influyendo, sobre todo por la intensidad y la simultaneidad. Esto tiene un efecto directo para la UME, ya que nos llaman más a menudo, para más tiempo y en incendios más graves. P. Se dice que los incendios se apagan en invierno.R. Sí. Es urgente una gestión adecuada del monte. Ahí tiene que haber un acuerdo entre las distintas administraciones. El 56% de la superficie de España es forestal y eso hay que gestionarlo bien. La velocidad con la que ha corrido el incendio en esta última emergencia ha supuesto un riesgo para mis soldados. A partir de 15 metros por minuto está fuera de control y aquí ha corrido hasta 50 metros, en algunos casos 60. Incendios habrá siempre. La clave está en conseguir que no se convierta en un gran incendio. Si logramos esa gestión adecuada del monte, mentalizar a las distintas administraciones de que hay que trabajar en periodo de paz, cuando no hay emergencias, será más fácil evitarlos. P. La UME volvió hace menos de un mes del terremoto de Venezuela.R. Fue una experiencia dura de la que volvimos con sentimientos encontrados. Por una parte, satisfechos por haber llegado de los primeros, pese a las dificultades en las comunicaciones, y por haber conseguido salvar dos vidas. Pero también, con algo de tristeza por no haber podido salvar más. Una tragedia de esta magnitud marca a cualquier interviniente, sin duda.P. ¿Qué contesta a quienes dicen que llegaron antes a Venezuela que a la dana de Valencia?R. Entiendo el dolor y el nerviosismo de quien vivió la dana en primera persona y desde el primer momento. Y lo entiendo porque la UME también estuvo allí desde el minuto uno y durante semanas. Sabemos del sufrimiento de los vecinos afectados, cómo quedaron sus pueblos... Y lo sabemos porque les acompañamos de principio a fin y les ayudamos para poder seguir adelante pese a la magnitud de la emergencia.
El jefe de la UME: “A los grandes incendios forestales no se les puede atacar, solo nos podemos defender”
“Un fuego que avanza a 15 metros por minuto está fuera de control. El de Ávila y Madrid corría a 60”, explica el teniente general Francisco Javier Marcos








