El Gobierno se ha ido de vacaciones con buenos datos económicos, pero con muchos deberes pendientes en temas clave que le aguardan en septiembre. Ha podido cerrar el curso con una economía en forma, con un PIB que aceleró en el segundo trimestre hasta el 0,7%, y un mercado laboral que sigue resiliente, con el paro por debajo del 10% y récord de ocupados.Datos macroeconómicos positivos que acompañan en esta legislatura a Pedro Sánchez, y a los que intenta sacar partido, aunque sin conseguirlo plenamente porque las grandes cifras no se corresponden siempre con la realidad del día a día y, sobre todo, por el problema de la vivienda que castiga a una amplia capa de la población. Precisamente, tres son los grandes deberes que le esperan para después del verano, y uno es este, la vivienda; otro, la reforma del sistema de financiación; y un tercero, el sueño en que solo el Gobierno parece creer, el de que conseguirá aprobar los presupuestos.En dos de los temas, vivienda y financiación, el Ejecutivo ha tenido que aplazar sus iniciativas en julio a la búsqueda de más tiempo para negociar un acuerdo que se resiste. Precisamente, una de las frustraciones de final de curso ha sido el paquete de medidas para afrontar la gran crisis que afronta España, la vivienda, con un déficit estructural que sigue aumentando día a día. El Ejecutivo quiso apretar el acelerador en el último tramo del mes, con el anuncio de que iba a aprobar un real decreto ley en el último Consejo de Ministros del curso que incluía un abanico de iniciativas que cubría casi todos los frentes: prórroga de los alquileres, regulación del alquiler de temporada, bonificaciones fiscales a los propietarios para compensar, cambios en ley del Suelo convertidos en exigencia del PNV y línea roja para Podemos, entre otras medidas.La oposición de Junts y Podemos forzó el retraso del paquete de vivienda para después del verano Sin embargo, en el último minuto el Gobierno tuvo que pisar el freno y, ante la oposición de Junts y Podemos, aplazarlo a septiembre. Un frenazo que se presentó como un tiempo extra para negociar con los diferentes grupos y con el Ministerio de Vivienda y Sumar asegurando casi al unísono que hay margen para el acuerdo, pero lo cierto es que se presenta difícil.De manera que sigue sin abordarse como se debería el gran tema de fondo, como es la falta de oferta. Con un déficit de 750.000 pisos que va aumentando año tras año, construir es la única alternativa a largo plazo, y para ello, hay que modificar la legislación, especialmente la ley del Suelo para darle más agilidad, y otras iniciativas, como los 7.000 millones del plan estatal de vivienda o los 12.000 millones a alquiler asequible del nuevo fondo España Crece, son positivas, pero no suficientes.Otro aplazamiento fue el de la reunión del Consejo de Política Fiscal y Financiera, que queda para el 4 de septiembre. La semana pasada, la negociación sobre la reforma del sistema de financiación tuvo tres episodios encadenados. El primero, el cambio de bando de Canarias que, seducida por un fondo a su medida, abandonaba el nutrido bando de opositores a la propuesta que hay encima de la mesa y se pasaba al de los partidarios. Inmediatamente llegó una carta de las comunidades del PP pidiendo un aplazamiento de la reunión, y al día siguiente, Hacienda lo concedió. Por tanto, deberes para septiembre, pero lejos de un posible consenso, aunque Hacienda intenta tentar a las comunidades con un aumento de financiación.Ya se sabe, cualquier reforma del sistema de financiación incluye un aumento de los recursos para todos como condición indispensable, pero no suficiente. Es el caso de este intento, que nace con lo que para algunos es un pecado original, ser fruto del pacto entre el Gobierno y ERC, lo que para las comunidades del PP ya contamina todo el proceso. Hacienda subraya lo que ganaría cada autonomía con la reforma, y ha seducido a Canarias con un fondo extra específico, pero de momento no convence ni a las comunidades del PP ni a las socialistas de Asturias y Castilla-La Mancha. En fin, aquí hablamos de deberes para septiembre, pero en este caso, el retraso ya es estructural, de 12 años. La última reforma se llevó a cabo en 2009 y tenía que renovarse al cabo de cuatro años. Misión imposible hasta el momento.La ministra de Trabajo y candidata a dirigir la OIT, Yolanda Díaz Jesus Hellin/STUDIO MEDIA 19Y después quedan los presupuestos, que el Gobierno asegura que presentará y que espera que se aprueben. Retraso aquí también monumental. A este ritmo es probable que se acabe la legislatura sin aprobar ni un solo presupuesto, situación muy anómala y que se ha podido mantener gracias a la inyección de los Next Generation.Presentar los presupuestos podrá hacerlo; aprobarlos ya parece muy cuesta arriba. De momento, los primeros pasos son descorazonadores. Rechazo del Congreso de la senda de déficit, y a partir de ahí, el Ejecutivo se lanza a explorar caminos inéditos. Seguirá adelante a partir de las cifras presentadas en Bruselas y lo justifica con una opinión de la Abogacía del Estado que avala utilizar esta vía. Lee tambiénEmprende un camino sin explorar y que algunos cuestionan. Es el caso de los técnicos de Hacienda que apuntan que, si se utiliza esta vía, se puede recurrir judicialmente y acabar en el Tribunal Constitucional. Su recomendación es llevar a cabo una clarificación legal. Un aviso que no frenará al Gobierno.Otros deberes pendientes son los que le tocan a Yolanda Díaz, con un Gobierno que no cumple lo comprometido con los sindicatos. El caso más clamoroso es el registro horario, la alternativa que Díaz improvisó cuando el Congreso tumbó el año pasado su proyecto estrella de la legislatura, la reducción de la jornada. El registro estaba previsto para principios de año; después, Yolanda aseguró que se aprobaría antes del verano, y los sindicatos, ya impacientes, lanzaron un ultimátum para que así fuera, pero no será el caso. Se ha trasladado a septiembre con el acompañamiento de que se supone que hay un acercamiento entre Yolanda Díaz, la gran impulsora del proyecto, y Carlos Cuerpo, al que en Trabajo ven siempre como el obstáculo interno permanente a batir. En esta ocasión ironizan sobre “a ver cómo vuelve del verano”. Una Yolanda Díaz, por cierto, que ya ejerce de candidata para ocupar la dirección general de la Organización Internacional del Trabajo, puesto que se decide en noviembre.Un incumplimiento con los sindicatos que se suma al retraso en otro compromiso, el de prohibir la absorción de los pluses en las subidas del SMI. Se aprobó el aumento del salario mínimo por la vía rápida, pero tenía que ir acompañado por el compromiso de impedir absorber con los pluses. El texto está todavía pendiente de enviarse al Consejo de Estado.El registro horario acumula retrasos Un septiembre en el que la guerra de Irán y el bloqueo del estrecho de Ormuz serán determinantes. Por el momento, ya tiene un impacto en el aumento de la inflación, que ha escalado hasta el 3,5% en julio y con previsiones de que llegue al 4% en agosto. Nada que ver con las derivadas de la guerra de Ucrania, pero sí con efectos sobre el poder adquisitivo de los hogares que pueden tener que ir frenando el consumo, con su derivada en el crecimiento.Aunque con una guerra de este calibre desarrollándose cualquier previsión es arriesgada, lo cierto es que por el momento la economía española la está soportando de forma razonable, con una inflación alta, pero no disparada, y con un PIB que sigue y seguirá por encima de las grandes economías europeas. El Gobierno mantiene su previsión de que este año crezca un 2,6%, y los últimos datos avalan que se pueda cumplir. El motor seguirá siendo el consumo, aunque se irá moderando previsiblemente por el impacto de la subida de precios, y con apoyo de una inversión que mantiene una evolución positiva. El gran riesgo es la inflación, aunque por el momento se mantiene en zonas aceptables. Y, por supuesto, con el gran agujero negro de la vivienda intacto. *******************************Esta newsletter también se va de vacaciones. Agradece a sus lectores la atención que le están prestando desde que apareció hace ya más de un año. Fue en junio del 2025 cuando salió su primera edición, prometiendo que cada lunes “arrancaría la semana con un mapa de orientación sobre la situación económica a través de una perspectiva macroeconómica, pero aterrizándola en su impacto en la realidad de cada día”, y es lo que ha intentado llevar a cabo durante este periodo, y lo que seguirá haciendo. Porque, no teman, en septiembre estaremos de regreso, cada lunes, como siempre.Redactor jefe de la sección de Economía de La Vanguardia