El 3 de agosto es el Día Internacional de la Planificación Familiar, un aspecto relacionado con el control de la natalidad en la población sexualmente activa. Básicamente se trata de que las personas y familias puedan decidir el número de hijos que quieren tener y cuándo tenerlos.

La planificación familiar también incluye la educación sexual, la prevención y el tratamiento de las enfermedades de transmisión sexual, el asesoramiento antes de la concepción y durante el embarazo, así como el tratamiento de la infertilidad.

La planificación familiar constituye un elemento clave para el ejercicio pleno de los derechos a la salud sexual y reproductiva de la población, como un componente fundamental de bienestar y libertad de las personas.

En 1968, en la Conferencia Internacional de Derechos Humanos, la planificación familiar se convirtió en una obligación de derechos humanos para todos los países, gobiernos y legisladores.

El documento final de la conferencia, titulado la Proclamación de Teherán, declara inequívocamente que: “Los padres tienen el derecho humano básico de determinar libremente el número de sus hijos y los intervalos entre los nacimientos”.